Hablar por hablar

Nohelia González

Dicen que identificar a un nicaragüense es fácil, porque acostumbramos meternos en todo y opinar de todo, es decir, se nos identifica porque por naturaleza intrínseca, en menor o mayor escala, somos dados a opinar hasta de lo que no nos incumbe. Pues bien, en los últimos días se han registrado al menos dos hechos significativos que han dado pie a que todo mundo “escupa en rueda”, como se dice popularmente.

El primero, las violentas protestas de exaltados universitarios y transportistas, por el alza del petróleo, que por cierto no es exclusiva de Nicaragua. El segundo, la decisión del Presidente de la República de destituir al Subdirector de la Policía Nacional, con razón o sin ella, pero en base a las facultades que le otorgan las leyes. En ambos casos y como es costumbre en este país, todo el mundo ha opinado con “propiedad escalofriante” sobre ambos temas. Así vemos a arcaicos líderes estudiantiles lanzando improperios contra el Gobierno por las afectaciones causadas por el alza en el transporte, que demás está decir, no fue decisión del Ejecutivo, sino de los buseros envalentonados por el alcalde de Managua, que respaldó la medida, pese a que el Concejo la rechazó; y que además ha decidido no lidiar con el asunto, porque según él, le compete al Presidente.

Por otra parte, los universitarios se han arrogado la voz de los consumidores nacionales y han desatado una batalla campal en las calles de la capital, demandando al Gobierno tomar medidas. Más subsidios para los empresarios del sector transporte. ¡Ajá! Y quién les concedió la potestad de quemar buses y vehículos en nombre de la población, que finalmente es la que resulta afectada por los bloqueos de calles, el paro de transporte, la suspensión de las clases. Nadie hasta ahora se ha declarado representado por los reclamos violentos de los universitarios.

Otros que escupen en rueda con asombrosa facilidad y frecuencia, son los rectores del CNU. Ahora resulta que estos honorables señores, a quienes nadie ha convocado, dan cátedra de cómo se debe gobernar el país, y se llenan la boca diciendo que hace falta tomar decisiones que pongan fin a la crisis que ellos ayudan a atizar.

Lo más irónico en este sentido es que cuando el Presidente toma decisiones, como es el caso del retiro del Subdirector de la Policía, entonces otra procesión de “pensantes” empieza a opinar. Hasta el Poder Legislativo está por tomar medidas sobre asuntos que le atañen, por ley, al Presidente. En todo están los señores diputados.

Lo más inaudito de todo es que los efectos de la medida tomada por Enrique Bolaños, “ya tuvieron impacto”, según un reporte de riesgo país, recientemente presentado en una universidad local. Cómo pueden afirmar con tan categórico aplomo que un evento que apenas había ocurrido hacía tres días tuvo un impacto tan grave en la percepción de riesgo del país. ¡Por Dios, señores! No pretendamos engañar a la gente. En este país debemos comenzar por replantearnos nuestra actitud y ética individual, pues como dice Fernando Savater, filósofo español, no hay peor pecado que aquél que se vuelve contra la propia condición humana, y eso pasa por hacer verdaderos aportes a la convivencia pacífica y democrática, abandonando esa insolente necesidad de sentirse por encima del otro y hablar porque “hay que escupir en rueda”.

La autora es periodista.

×

El contenido de LA PRENSA es el resultado de mucho esfuerzo. Te invitamos a compartirlo y así contribuís a mantener vivo el periodismo independiente en Nicaragua.

Comparte nuestro enlace:

Si aún no sos suscriptor, te invitamos a suscribirte aquí