Necesitamos gobiernos conservadores

Alejandro Bolaños Davis

Los principios y prácticas conservadoras es lo único que puede restablecer el balance que exige Nicaragua. Los 30 años conservadores son una clara evidencia de estos principios y prácticas que ahora el pueblo reclama. Aunque las virtudes de los gobiernos conservadores son muchas en este artículo presentaré sólo tres que son indispensables para restablecer el orden y la confianza en la Nicaragua de ahora.

1. No reelección: los 30 años de gobiernos conservadores son ejemplo de presidentes que cumplían su término sin reelegirse. Fueron años de mucha paz y progreso; 2. Honradez y probidad: respeto absoluto al derecho ajeno. Utilizar el erario público correctamente sin beneficio personal. Estándares rigurosos de exigibilidad, procedimientos contables transparentes y correctos. Apagar la luz antes de salir de la oficina, usar ambas caras de la hoja de papel, son prácticas conservadoras que ahora necesita el pueblo para evitar el derroche liberal al que estamos mal acostumbrados. Un buen conservador no gasta más dinero del que se recauda. Es frugal. No endeuda al gobierno ni al país; 3. Moderación (paciencia, prudencia y perseverancia): los conservadores son inclusivos. En lugar de proscribir a la oposición la incluyen. Son apaciguadores y condescendientes. Tienen visión de nación. Poseen un sentido estratégico correcto del tiempo necesario para desarrollar al país. Un sentido de legado, de ir construyendo uno sobre el otro, de continuidad y visión de largo plazo.

El liberalismo es causa y respuesta al sandinismo. Es causa porque la dictadura liberal de Somoza la produjo y como respuesta ha sido un completo fracaso. El liberalismo convertido en libertinaje tiene postrada a nuestra nación. El liberalismo tiene tres prácticas históricas que han desequilibrado y desestabilizado al país y lo han hecho caer presa de regímenes totalitarios como el sandinismo: 1) formar dictaduras: los gobernantes liberales no quieren dejar el poder una vez que suben y se entronan hasta que el pueblo se cansa y los echa; 2) confunden las arcas del pueblo con los intereses personales de los gobernantes. Los liberales han sido libertinos en usar el tesoro de nación para beneficio personal y en caer en el pecado de la corrupción; 3) son inmoderados y excluyentes. Los liberales han sido incapaces de formular una visión de nación que logre la unidad de la diversidad nacional hacia un derrotero común.

La dictadura liberal de Somoza estuvo plagada de vicios. El pueblo entero se indignó frente a la corrupción descarada de la dictadura liberal y apoyó un engaño “libertador”. El pueblo se equivocó olímpicamente al apoyar al Frente Sandinista. La medicina fue peor que la enfermedad. El sandinismo totalitario produjo decadencia y niveles de corrupción inimaginables. El sandinismo es lo que no queremos, pues es sinónimo de oscurantismo, terror, represión a las libertades humanas, destrucción y miseria.

El gobierno de la UNO derrotó al FSLN en 1979 y después sucedió el gobierno liberal de Arnoldo Alemán también plagado de los excesos de un liberalismo libertino: corrupto, excluyente y dictatorial.

Luego fue electo el ingeniero, presidente Enrique Bolaños Geyer, “liberal” que más bien pareciera ser de principios conservadores (no se reelegirá, lucha tenaz contra la corrupción, y es respetuoso de las arcas del pueblo y moderado en su proceder). Por esto los mismos liberales que lo llevaron al poder lo expulsaron después, se atrincheraron en los poderes del Estado (Legislativo, Judicial, y Electoral) y la Contraloría General de la República y pactaron con el sandinismo. “Dios los cría y el diablo los junta”. Ahora los liberales libertinos están en una sola orgía libertina con los sandinistas totalitarios para mantenerse en el poder y proteger sus respectivos botines amasados por sus prácticas corruptas.

El liberalismo ya no es garantía para los intereses del pueblo y de la nación por su carencia de principios y por haberle cedido al sandinismo su liderazgo. El liberalismo libertino ha formado una dictadura bicéfala con el sandinismo. Solamente las prácticas y los principios conservadores pueden restablecer el equilibrio que necesita el país. Son los principios y las prácticas conservadoras de no reelección, honestidad, y moderación las que el pueblo reclama en sus gobernantes. Es hora que los conservadores con visión de nación asumamos nuestra responsabilidad y ayudemos a salvar a Nicaragua del caos.

El autor es presidente del Partido Conservador del Departamento de Masaya.

Editorial
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