Ernesto J. Marín
El clásico Habemus Papam, tenemos Papa, anunciado 265 veces en 2000 años, 265 Pontífices, se escuchó en la inmensidad de la Plaza de San Pedro ante una multitud de medio millón de almas, que esperaron más de 48 horas para oír la buena nueva. Pero el Papa de origen alemán tuvo que esperar cinco siglos que uno de sus conciudadanos, él mismo, llegara a la silla de San Pedro.
Después de dos días y de cinco votaciones las eminencias vaticanas, iluminadas por el Espíritu Santo eligieron al cardenal Joseph Ratzinger como el Papa número 265 de la Iglesia. La institución más antigua del orbe con veinte siglos de existencia. Natural de la pequeña aldea Marklt en el Estado de Baviera, a cien kilómetros de Munich. Inspirado por San Benedicto, fundador de una orden de frailes y de los monasterios benedictinos, fue llamado Padre de Europa. Decano del colegio de Cardenales nombrado por Pablo VI, su hermano mayor, Georg, también ejerce de sacerdote allá en su pueblo natal. Fue Arzobispo de Munich y principal colaborador de Juan Pablo II desde la sensible posición de Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, sucesora histórica de la Santa Inquisición.
No se ha ganado muchas simpatías principalmente de los libres pensadores por su conservadurismo en cuanto a las nuevas tendencias de la época: feminismo, celibato, aborto, clonación, inseminación artificial, eutanasia, homosexualidad o el sacerdocio en las mujeres.
Su antecesor fue Benedicto XV llamado el Papa de la Paz por los ingentes esfuerzos que realizó para evitar la Primera Guerra Mundial. Ha sido una tradición la elección de un Pontífice que los cardenales, actualmente 115 con la edad de electores, se reúnan en la nave mayor de la Capilla Sixtina, conformando una asamblea Cónclave, bajo llave, como antiguamente se les encerraba para evitar filtraciones, influencia del exterior que pudieran presionarlos en el momento de emitir el voto. La Sixtina llamada así en honor de su constructor el Papa Sixto IV, es una de las joyas renacentistas más admiradas dentro de los muros del Vaticano. Fue decorada por los artistas más brillantes de su tiempo, frescos de Boticelli, Perugino, en su bóveda están célebres escenas de la Creación y el Juicio Final al fondo, obras de las mágicas manos del genio Miguel Ángel en los mejores tiempos del Papa Julio II.
Existen algunas plumas resentidas que se han atrevido a calificar a Benedicto XVI como simpatizante del nacional socialismo acusándolo de haber pertenecido a la Hitler Jugend, Juventud Hitlerista, aunque se les olvidó explicar que en ese tiempo era obligación para todos los jóvenes alemanes de pertenecer a esa organización, tampoco participó en la Segunda Guerra Mundial, pues no tenía la edad reglamentaria de 18 años para ingresar en el ejército.
Los analistas consideran que este Papado será de transición, tomando en cuenta la edad avanzada del nuevo titular, pues ha sido tradicional que a un largo pontificiado como los 26 años de Juan Pablo continué otro de corta duración. De lo que sí sospechamos es que este período será muy polémico, porque vendrán las corrientes que pretenderán compararlo con Juan Pablo II, asunto que será muy difícil por las simpatías que generaba el polaco cuando aparecía con su grata presencia.
Será la providencia que se encargará de apreciar las luces, más luces que sombras que iluminarán los pasos de este nuevo Vicario de Nuestro Señor.
El autor es diplomático