Edgard Tijerino M.
Diriangén 1-Estelí 0. Un autogol de Francisco Lagos, en medio de una jugada en la que aparentemente hubo un toque de Emilio Palacios con guante de seda, como una cachetada leve, sobre un centro bajo de Remy Vanegas en el minuto 25 del segundo tiempo.
Lo siento Confucio, en el futbol, no importan los merecimientos. Tienes que estar claro de eso. ¡Diablos, cómo fue posible!
Estelí tuvo más piernas, mostró un corazón más grande y utilizó un cerebro más claro, consecuentemente, generó un mejor futbol, creo más oportunidades de gol, ejerció una intensa presión, pero ganó Diriangén y de qué manera.
Justo cuando Diriangén estaba pidiendo a gritos una dosis extra de oxígeno para seguir multiplicando esfuerzos; su excelente portero, Denis Espinoza, funcionando como un pulpo, se acercaba al punto de enloquecimiento; y Estelí continuaba creciendo como un oleaje con las penetraciones de David Martínez, el desempeño del incisivo Selvin Álvarez, la presencia de Víctor Hugo Sánchez; la peligrosidad inagotable de Rudel Calero y la seguridad de un medio campo sólido en la contención y capacidad para proyectar, se registró la jugada que decidió el juego, y que obliga Estelí a dormir las próximas seis noches con la soga en su cuello, debido al autogol.
Diriangén estaba adelante 1-0 y la desesperación comenzó su cabalgata tanto en el campo entre los hombres de rojo dirigidos por Otoniel Olivas, como en las tribunas, siempre vibrantes.
El terreno húmedo no fue un inconveniente para mostrar un futbol ágil y de buen entendimiento. Estelí fue adueñándose de las riendas del juego, y después de un 0-0 en los primeros 45 minutos, incrementó su dominio en la segunda etapa.
El otro duelo de las semifinales terminó 1-1 entre el Real Madriz y Parmalat. Wilber Sánchez anotó (44’) por los capitalinos y Fredal Murillo (77’) por los de Somoto.
ASÍ FUE
Remy Vanegas recibió una pelota por la banda izquierda, se fue hasta el fondo superando la marca y envió el centro que pasó burlesco frente a las piernas de dos defensores norteños. Inicialmente se pensó que había un leve empuje de Emilio Palacios con su botín derecho, pero luego se comprobó que se trataba de un autogol fabricado por Chico Lagos.