- Nuevo gobierno aún no le da salvoconducto para irse a Brasil
AFP
QUITO.- El depuesto presidente ecuatoriano Lucio Gutiérrez seguía este viernes refugiado en la Embajada de Brasil a la espera de obtener un salvoconducto que le permita salir del país, mientras que el Gobierno que asumió tras su caída aguarda un reconocimiento de la comunidad internacional.
El gobierno del presidente Alfredo Palacio ha dado mensajes erráticos en torno al tema del salvoconducto, pues mientras el Ministro del Interior, Mauricio Gándara, dijo el jueves que “no hay manera de negarlo”, el canciller Antonio Parra Gil señaló este viernes a la AFP que “por ahora éste no se dará”.
“Brasil (…) ha otorgado el asilo pero nosotros no estamos otorgando el salvoconducto” por ahora, dijo el canciller Parra, al señalar que “nosotros antes de tomar cualquier decisión vamos a analizar la situación con detenimiento”.
“Ecuador va a analizar todas las circunstancias primero y luego vamos a tomar una decisión que todos sabemos es una cosa muy delicada”, agregó el diplomático, quien asumió el jueves como canciller.
Explicó que el problema básico es que el pueblo ecuatoriano “se cansó de los presidentes que convertidos en verdaderos malandrines, se asilan y además los países les dan el asilo”.
La presencia de Gutiérrez en la legación brasileña, al norte de Quito, ha desatado la protesta de cientos de personas que han sitiado la sede diplomática y que anuncian con carteles que no permitirán que sea trasladado a Brasilia.
“Lula, amigo, retírale el asilo”, coreaban el viernes cientos de personas, en especial jóvenes, frente a la sede diplomática, a la vez que han interrumpido el tráfico automotor.
En Quito se espera la llegada de un avión brasileño para trasladar a Brasilia a Gutiérrez.
Mientras el drama personal del depuesto Gutiérrez se juega en la sede brasileña, el gobierno de Palacio seguía esperando este viernes el reconocimiento internacional.
El Consejo Permanente de la Organización de Estados Americanos (OEA) evaluaba en Washington si debe enviar una misión a Quito para determinar las circunstancias en que Gutiérrez fue derrocado.
El grupo Aladi, que reúne a los países sudamericanos y México, así como Panamá y el propio Ecuador, presentaron cada uno su propio proyecto de resolución que prevé el envío de una misión al país andino.
Previamente en Quito el ministro Gándara dijo que la posición de su país ante la OEA es que “Ecuador no tenía otro camino”, al referirse al informe solicitado por ese organismo sobre cómo ocurrió la sucesión presidencial en este país.
Gándara —un avezado analista internacional— advirtió que si la OEA o algún otro organismo pretende que “el coronel Gutiérrez regrese a la Presidencia, eso daría para ríos de sangre en el Ecuador”.
El jueves la Secretaria de Estado norteamericana, Condoleezza Rice, dijo en Vilna, capital de Lituania, que Estados Unidos seguía con detenimiento la situación en Ecuador y que estaba en contacto con todas las partes.
“Estamos pidiendo a todos en la zona que mantengan la calma”, dijo.
“No debe haber violencia. Ahora tiene que haber un proceso constitucional para efectuar elecciones, si eso es lo que está previsto en el futuro”, añadió.
Esta declaración motivó una rápida respuesta del gobierno de Palacio, que exhortó a Estados Unidos a no intervenir en sus asuntos internos.
“Eso está fuera de todo tratamiento constitucional porque el vicepresidente, cuando asume la Presidencia, es para completar el período para el cual fue elegido el binomio”, indicó Gándara.
“Así que, por favor, que los Estados Unidos respeten nuestra soberanía y podremos llevar una buena cooperación”, añadió.
MOVIMIENTO INDÍGENA DE CAPA CAÍDA
El otrora poderoso movimiento indígena ecuatoriano vive ahora uno de sus peores momentos, divididos y desprestigiados, aunque coinciden en culpar de sus males al derrocado presidente Lucio Gutiérrez.
Con Gutiérrez, los indígenas llegaron por primera vez al poder, pues tras apoyarle en las presidenciales del 2002, participaron en los primeros siete meses de ese Gobierno hasta que, aprovechando una coyuntura política, Gutiérrez acabó unilateralmente con la alianza. Se deshizo así de quienes, tras ser aliados de campaña, pasaron a convertirse en invitados incómodos, pues comenzaron a criticar decisiones de Gutiérrez, especialmente en temas económicos.