Francisco Arellano Oviedo
Como en nuestro pobre y querido país, lo inverosímil se vuelve real y el absurdo le roba espacio a la lógica, pareciera que los ciudadanos hemos perdido el sentido de la mesura y la equidad y que incluso ya nadie se asombra por nada. Todo ocurre “sic”: así, ya y ahora; porque así lo quiero. Una decisión repentina y nociva fue la que conocimos al inicio de esta semana y que se refiere al relevo del comisionado Francisco Javier Bautista Lara, de quien hasta la fecha nadie ha dado las causales que justifiquen la democión de su cargo.
¿Cómo es posible que esto ocurra y que eso le pase a un profesional que día a día expuso su vida por la seguridad y tranquilidad de los nicaragüenses? Sacarlo por la puerta de atrás como a un malhechor o un insubordinado, sin que éstas sean las causales, constituye un verdadero atropello contra la dignidad y los derechos de la persona.
Desde los años setenta tuve conocimiento de este joven cuando inició sus estudios universitarios y luego los interrumpió para comprometerse con la causa de una sociedad más justa e igualitaria. Luego supe que hacía carrera en la Policía Sandinista que ahora se llama Policía Nacional. Con el tiempo este joven se graduó y postgraduó con excelencia académica, gozó del aprecio de sus maestros y continuó sirviendo a la institución de la cual era miembro desde su fundación. Él, que provenía de humilde cuna, hizo el recorrido desde la base hasta el penúltimo peldaño y cuando ya casi podía cerrar su hoja de servicio y ofrecer al país la posibilidad de tener en la Dirección de la Policía a un profesional de excelentes capacidades y nobles cualidades humanas, vino el error y otra vez perdimos el engranaje por la rueda desdentada de la historia de la cual es símbolo aquella vieja desnuda, sin dientes, con las tetas hasta el ombligo y el pelo ralo y parado, quien era intérprete del volcán, el dios mudo y sin mente, del cual y de quien nos hablan el cronista, Gonzalo Fernández de Oviedo y Pablo Antonio Cuadra.
¿Qué maldición paga nuestro pueblo para que aquella bruja del volcán Masaya siga interpretando nuestra política muda y sin mente? Quienes duden todavía de la valentía, inteligencia y nobleza de Francisco Javier Bautista Lara pueden analizar sus declaraciones ofrecidas a los medios de prensa el lunes 18 de los corrientes. Después de dar fe de su profesionalismo en el cumplimiento del deber, de su apoliticidad en la institución que por servir a todos los ciudadanos debe ser apolítica y después de confesar que no había cometido delito alguno ni acción que estuviera reñida con la ley, manifestó respeto por las autoridades que lo habían destituido y dijo que acataba sus órdenes.
Con esa actitud Bautista Lara demostró que sus convicciones, espíritu de servicio y nobleza están bien arraigadas en su persona y no superficialmente como para el uso de las declaraciones o discursos vanidosos. Bautista Lara fue muy consecuente y no podía hacer otra cosa, quien había seguido de cerca, empujando él mismo, el proceso de modernización de la Policía, porque nadie mejor que él había comprendido y explicado el papel que juega la Policía al servicio de los ciudadanos, desde la fundación de aquélla, con los recursos humanos disponibles, en medio de las dificultades que ha vivido el país y con los recursos financieros siempre deficientes que ha recibido esta institución.
Cuando escribí las solapas de su primer libro: Policía, seguridad ciudadana y violencia en Nicaragua, dije: “Nunca hasta ahora un alto jefe de la Policía escribió con tanta propiedad y oportunidad sobre la institución a la que sirve y sobre la seguridad que a todos interesa, como este joven y veterano comisionado, Francisco Javier Bautista Lara”. Ahora que preparo las solapas de una nueva obra, señalaré de dónde le viene el humanismo a este noble nicaragüense, con quien el Gobierno de Nicaragua queda en deuda y toca a las instituciones de este país reconocerle sus méritos.
El autor es secretario de la Academia Nicaragüense de la Lengua.