Koichiro Matsuura
Han transcurrido ya diez años desde que la UNESCO proclamó el 23 de abril Día Mundial del Libro y del Derecho de Autor. La celebración de este Día, que suscita cada vez más adhesiones, dejó claro desde el principio cuán importante ocasión supone para reflexionar e informar sobre un tema que requiere especial atención. Hoy lo celebran millones de personas de más de cien países, aglutinadas en torno a centenares de asociaciones, escuelas, organismos públicos, colegios profesionales y empresas privadas.
En el curso de estos diez años, el Día Mundial del Libro y del Derecho de Autor ha servido para atraer a la causa de los libros y del derecho de autor a gran número de personas de todos los continentes y orígenes culturales. Ello les ha permitido descubrir, valorar y explorar muchas vertientes distintas del mundo editorial: el libro como vehículo de valores y conocimientos y como depositario del patrimonio inmaterial; el libro como puerta de acceso a la diversidad de las culturas y como instrumento de diálogo; o el libro como fuente de ingresos materiales y obra de creadores protegidos por el derecho de autor. Todas esas facetas del libro han sido objeto de numerosas iniciativas de sensibilización y promoción que han surtido efectos reales, aunque no por ello haya que dejar de trabajar con el mayor empeño.
Desde el año 2000, el Día Mundial del Libro y del Derecho de Autor ha dado pie a otra iniciativa propuesta por las organizaciones profesionales, con el concurso de la UNESCO y el apoyo de los Estados: la Capital Mundial del Libro. Cada año se elige una ciudad, que se compromete a recoger el testigo del Día Mundial y, con iniciativas propias, alimentar la dinámica creada por su celebración hasta el año siguiente. Casi todas las regiones del mundo, cada una en su momento, han participado ya en el proceso, que de este modo convierte las festividades en torno al libro y el derecho de autor en una actividad incesante para extender todavía más, tanto geográfica como culturalmente, la presencia e influencia de los libros.
En los últimos años ha quedado patente que el Día Mundial puede constituir una fecha simbólica para lanzar grandes operaciones de apoyo, especialmente en América Latina y África. Los acontecimientos del 2005, un año marcado desde el principio por la necesidad de responder con una acción concertada y solidaria a las espantosas calamidades provocadas por el maremoto de Asia sudoriental, demuestran cuán necesario es reconocer el valor de los libros como instrumento de reconstrucción económica y moral.
El libro es, en efecto, el signo de un universo que renace económicamente gracias a la vasta cadena de actividades y profesiones generadoras de ingresos a la que da origen. El derecho de autor, que protege la explotación lícita de los frutos del ingenio humano, es también un elemento fundamental en este contexto. El libro, más allá de su importancia sectorial, constituye una herramienta de aprendizaje, intercambio y actualización de conocimientos, indispensable para ejercer cualquier oficio en cualquier sector, desde la producción hasta el comercio o los servicios, y por tal razón es un ingrediente básico de la vida económica e industrial de un país.
A esta función propia en la reconstrucción material se agrega el importante papel psicológico y sentimental que los libros pueden desempeñar en las escuelas y bibliotecas, así como en el hogar, facilitando, con un retorno a la lectura paralelo al retorno a la normalidad, la superación de los traumatismos generados por el desastre y la capacidad de afrontarlos racionalmente.
Por ello no es en absoluto casual que la reconstitución de los eslabones de la cadena editorial dañados por el tsunami haya sido objeto de varias iniciativas de solidaridad internacional, cuyos beneficiarios las solicitaron en primer lugar.
A la luz de esas experiencias, que una vez más han puesto de relieve la excepcional importancia de los libros en todo tipo de circunstancias de la vida social, me dirijo a los responsables políticos, agentes económicos y componentes de la sociedad civil para invitarlos a que se asocien al Día Mundial del Libro y del Derecho de Autor con entusiasmo, creatividad y generosidad.
El autor es Director General de la UNESCO.