Lucía César de Boehmer
¡Tenemos quien interceda por nosotros! La ausencia del Santo Padre ha dejado en el mundo entero como un vacío, no fueron en vano los casi 27 años de un Pontífice que supo darse al mundo entero. Aprendimos a amarlo y él amó también sin fijarse si era un pobre o un rico, si era un niño o un anciano, si era un joven sano o un enfermo. Nos acostumbramos a tenerlo como un papá que nos guiaba, que nos amaba y nos enseñó la dignidad del ser humano en la que cada persona vale toda la sangre de Cristo. Fue un hombre bendecido por Dios quien en su gran humildad supo escuchar la voz del Espíritu Santo en todos los momentos de su vida, especialmente aquel día de 1978 cuando fue elegido como Papa.
Hoy es tiempo de pensar en el inmenso legado que nos ha dejado Juan Pablo II, un legado que marca nuestro caminar pasajero en esta tierra y que todavía estamos a tiempo de cambiar. Juan Pablo II no descansó, trabajó hasta el último día de su vida para dejarnos lo que Dios le pedía que hiciera, bastó sólo verlo hecho un Cristo vivo en una cama en sus últimos días para entender que el sufrimiento y la cruz nos llevarán un día a la resurrección. Por eso hoy tenemos quien interceda por nosotros. Antes veíamos al Papa por televisión, o leíamos sus escritos, o lo recibíamos con todo el amor en sus visitas, hoy “lo tenemos para cada uno”, hoy puedes hablarle, pedirle que te ayude a caminar, pedirle por algo que necesites, hoy Juan Pablo II está muy cerca de Dios, está en el cielo, y está intercediendo por el mundo entero.
Hoy es tiempo de poner en práctica todo lo que Juan Pablo II dejó en nuestras manos a través de un trabajo incansable y una oración permanente pudo dejarnos un tesoro que no podemos olvidar. Es necesario interiorizar en todo el ejemplo de su vida.
Hay frases memorables de Karol Wojtyla que nos ayudarán a recordar sus pensamientos llenos de humanismo y de amor.
La libertad “…en todos sus aspectos, debe estar basada en la verdad. Deseo repetir aquí las palabras de Jesús: ‘Y la verdad os librará’ (Jn 8,32). Es, pues, mi deseo que vuestro sentido de la libertad pueda siempre ir de la mano de un profundo sentido de verdad y honestidad acerca de vosotros mismos y de las realidades de vuestra sociedad”.
La vida humana “…debe ser respetada y protegida de manera absoluta desde el momento de la concepción”.
La familia “…está llamada a ser templo, o sea, casa de oración: una oración sencilla, llena de esfuerzo y ternura. Una oración que se hace vida, para que toda la vida se convierta en oración”. “El futuro depende, en gran parte, de la familia, lleva consigo el porvenir mismo de la sociedad; su papel especialísimo es el de contribuir eficazmente a un futuro de paz”.
La paz… “no hay paz sin justicia, no hay justicia sin perdón. La guerra es siempre una derrota de la humanidad. No habrá paz en la tierra mientras perduren las opresiones de los pueblos, las injusticias y los desequilibrios económicos que todavía existen”.
“¡Hombres y mujeres del tercer milenio! dejad que os repita: abrid el corazón a Cristo crucificado y resucitado, que viene ofreciendo la paz! Donde está Cristo resucitado, con Él entra la verdadera paz”.
Los jóvenes “…gracias a todos los jóvenes de habla hispana, vivid comprometidos en la oración, en la atenta escucha y en el compartir gozosos estas ocasiones de formación permanente manifestando vuestra fe ardiente y devota. Queridos jóvenes, sólo Jesús conoce vuestro corazón, vuestros deseos más profundos, sólo Él que os ha amado hasta la muerte es capaz de colmar vuestras aspiraciones. Sus palabras son palabras de vida eterna”.
La Virgen María “…danos tus ojos, María, para descifrar el misterio que se oculta tras la fragilidad de los miembros del Hijo. Enséñanos a reconocer su rostro en los niños de toda raza y cultura”.
¡Gracias Juan Pablo II! Nos has dejado mucho por caminar, intercede por nosotros para que vivamos tus enseñanzas.
La autora es Presidenta de la Asociación Nicaragüense por la Mujer (Animu).