Mientras la mayoría duerme, este grupo de vigilantes, con radio-comunicadores y algún tipo de armas en la mano, recorre las calles del barrio Hialeah para impedir que grupos de delincuentes penetren a robar a sus casas.

Hialeah vigila con “técnicas militares”

Cansados de los delincuentes, pobladores deciden desempolvar conocimientos adquiridos en la década de los ochenta Elízabeth Romero Son las 11:00 p.m. Como cronometrados, uno a uno empiezan a salir de entre las bocacalles de la segunda etapa del barrio Hialeah, de Managua, hombres con gorros oscuros, chaquetas negras, linternas y radio-comunicadores. Unos llevan un machete […]

  • Cansados de los delincuentes, pobladores deciden desempolvar conocimientos adquiridos en la década de los ochenta

Elízabeth Romero

Son las 11:00 p.m. Como cronometrados, uno a uno empiezan a salir de entre las bocacalles de la segunda etapa del barrio Hialeah, de Managua, hombres con gorros oscuros, chaquetas negras, linternas y radio-comunicadores. Unos llevan un machete al cinto, otros un bate de beisbol o un garrote en la mano. Son sus armas de defensa.

Ellos son parte de los vigilantes comunitarios de ese barrio, quienes noche a noche se turnan para “patrullar” y que la delincuencia no penetre a su sector.

La jornada diaria empieza a las 11:00 p.m., y termina a las 6:00 a.m. del siguiente día. Es desgastante —le señalamos a uno de los dirigentes de la comisión que está a cargo de organizar la vigilancia comunitaria, que por medidas de seguridad prefiere no detallar su identidad.

“Pero nos desgasta más estar pensando en la casa, que se nos van a meter y que nos van a robar”, refiere, designado, para hablar sobre el proyecto iniciado hace 15 días por más de 200 familias que habitan en la segunda etapa y que ya se extendió a la primera etapa del mismo barrio.

MOTIVADOS POR INSEGURIDAD

La falta de respuesta rápida y la percepción de inseguridad que a diario enfrentaban los moradores del barrio Hialeah, en Managua, les llevó a organizar la vigilancia comunitaria, señala uno de los integrantes.

Al menos dos de cuatro etapas de ese barrio se encuentran “organizadas”, como afirman sus habitantes. En su léxico han vuelto a implementar palabras como “roles”, “rondines”, y claves como “pantera”, “mariposa”, entre otras.

El asalto y amenazas de muerte a toda una familia sorprendida en su propia vivienda mientras dormía, fue el detonante.

“La vigilancia surge producto de la delincuencia que estaba azotando al barrio, pero lo que pasó el 31 de marzo fue lo que rebalsó el sentir de la gente”, manifestó uno de los coordinadores de los vigilantes.

La movilización fue casi inmediata, sin esperar a la seguridad que les pudiera garantizar la Policía Nacional.

CADA CUADRA ESTÁ BIEN VIGILADA

Pese a la oscuridad de la transición de la medianoche y el amanecer del nuevo día, hay movimiento en las calles, en algunas viviendas las luces están encendidas, los silbatos suenan como indicativo de identificación entre vigilantes de esquina a esquina.

“La gente está escuchando el llamado de vigilancia para evitar que esa gente entre, porque piensan que si entran a una casa donde los propietarios posean bienes de mayor valor, esa gente los mata”, sostuvo Francisco Jácamo, dueño de la casa afectada por los delincuentes.

La fuerza está en la solidaridad y el trabajo coordinado entre todos los miembros de la comunidad, quienes vigilan, incluso de día, mientras el resto acude a sus trabajos. La tarea del día recae, sobre todo, en los hombros de las mujeres que no trabajan fuera de su casa y resguardan los bienes de aquellos que sí lo hacen.

“Iniciamos débil, ahora estamos bien fuertes, porque todos los varones nos estamos apoyando mutuamente. Somos bastantes”, destaca Jácamo.

PONEN EN PRÁCTICA CONOCIMIENTOS MILITARES

Muchos de los participantes en la vigilancia están implementando conocimientos adquiridos en la década de los ochenta como militares. “Nosotros nos sabemos organizar, somos personas entrenadas, se nos hace fácil organizar personas”, señaló Jácamo, mientras vigilaba silencioso desde su casa.

La organización empezó por formar una comisión que dirige todo el procedimiento de la vigilancia. La comunidad participa también con aportes económicos para la compra de materiales y artículos utilizados para los centinelas que realizan cuadra por cuadra los llamados “rondines”.

Debido a la peligrosidad de la banda que merodea ese barrio, decidieron que un sector fuese vigilado únicamente por varones.

Hay un rol y dentro del mismo hay una persona que está a cargo cada día. Mientras unos vigilan, otros duermen con toda seguridad.

“Vamos sin límites, ya estamos pensando inclusive en que cuando se avecine el invierno, de qué manera vamos a trabajar, porque esto no tiene término. En cada esquina hay personas que están haciendo la vigilancia y que no van a permitir que los niveles de delincuencia continúen”, sostuvo uno de los dirigentes de la vigilancia.

CARTA A JEFE POLICIAL

La comisión dirigió una carta al jefe del Distrito Tres de la Policía, comisionado Luis Barrantes, con ciertas peticiones: mayor presencia de la Policía en el barrio al menos dos veces en la noche y dos veces en el día, que se les permita la requisa de vehículos que ingresan al barrio, igual que les permitan portar armas de fuego, las que —aclara— están legales, y asesoría por parte de la Policía para los niveles organizativos de vigilancia.

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