Si te engañan por tercera vez…

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Si te engañan por tercera vez…





El Presidente de la República debería haberse retirado ya de la farsa que han dado en llamar “diálogo nacional” (reuniones tripartitas Gobierno-FSLN-PLC), con la que no han podido engañar a la población pero se burlan —los sandinistas y los liberales arnoldistas— del presidente Enrique Bolaños.

Desde el día siguiente que el presidente Bolaños y el secretario sandinista Daniel Ortega firmaron el “acuerdo para el diálogo nacional”, el 12 de enero del año en curso, se produjo la primera violación al compromiso contraído ante testigos y “garantes” nacionales e internacionales, pues el FSLN y el PLC aprobaron las reformas constitucionales a pesar del compromiso de establecer previamente un mecanismo de consenso para su ejecución.

Desde entonces, el Presidente de la República debió retirarse del seudo diálogo nacional, pues los testigos y garantes del mismo no hicieron nada efectivo para obligar a Ortega a cumplir el compromiso firmado ante la opinión pública nacional e internacional.

Después de esa burla al Presidente de la República, los sandinistas y los liberales arnoldistas se comprometieron a respetar en lo sucesivo el acuerdo para el diálogo nacional, pero de nuevo faltaron a su palabra y compromiso al designar magistrados del Consejo Supremo Electoral sin ni siquiera considerar la opinión del Gobierno. Sin embargo, para que la farsa del “diálogo nacional” no fracasara (¿?), Ortega se comprometió con el Presidente de la República a que la designación de los nuevos cargos en la Asamblea Nacional (magistrados de la Corte Suprema de Justicia) se haría mediante consenso entre los poderes Legislativo y Ejecutivo. Y otra vez, la semana pasada, los sandinistas y los liberales arnoldistas escogieron a sus magistrados pasando por encima del segundo acuerdo antes mencionado.

Pero aún así el Gobierno se mantiene en el llamado diálogo nacional. Al parecer al presidente Bolaños le han hecho creer que es cierto que en cualquier circunstancia “el que se retira pierde”, como dicen mañosamente los sandinistas y los liberales arnoldistas para mantener al jefe de Estado y de Gobierno atrapado en las redes de esa farsa. O tal vez sea que el Presidente de la República estima que debe demostrar hasta el último momento y a pesar de todo, que él busca una solución negociada de la crisis en que se encuentra la cúpula estatal del país.

Sin embargo, hay sitios o escenarios de los que lo más digno es retirarse de ellos, como es el caso de este seudo diálogo nacional del Gobierno con el FSLN y el PLC, que es, insistimos, una vergonzosa farsa que le hace más daño que bien al país, y que pone en entredicho al mismo Presidente de la República porque da a entender que lo único que le interesa es participar, en beneficio de sus amigos, en el reparto de las magistraturas y otros altos cargos estatales magníficamente remunerados.

Estamos claros de que el diálogo es indispensable para resolver de manera civilizada los problemas políticos. Pero se sobrentiende que debe ser diálogo entre personas que se respetan a sí mismos, que honran su palabra y cumplen los compromisos que asumen, sobre todo si éstos quedan por escrito.

También estamos claros de que en el diálogo y la negociación política hay que conceder para conseguir. Ninguna de las partes puede pretender que le den lo que quiera sin darle nada al contrincante, porque si así fuera no sería diálogo sino imposición de uno y sometimiento del otro. Como es lo que a todas luces están pretendiendo y logrando los sandinistas y los liberales arnoldistas, aprovechándose de la buena fe o de la ingenuidad política del Presidente de la República.

Ahora bien: ¿Qué otro compromiso y engaño de Daniel Ortega y el Frente Sandinista espera conseguir el presidente Bolaños? ¿Acaso cree que quien lo engañó una y otra vez no lo volverá a engañar?

El presidente Bolaños debería acordarse —y actuar en consecuencia—, del antiguo y sabio proverbio chino acerca de que, cuando a alguien lo engañan por primera, la culpa es del engañador; si lo engañan por segunda vez, la culpa es del engañador y del engañado; pero si lo engañan una tercera vez, la culpa es únicamente del que permite que lo engañen.

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