Franklin Bordas [email protected]
Maderero y delincuente, son calificativos paralelos. Basta ver un camión cargado de trozas para dar inicio a una cacería policíaca bastante desmedida. Mientras los delincuentes profesionales hacen negocios de otro tipo teniendo como cortinas las montañas, se atrapan camiones y sospechosos de una temida mafia maderera, que hasta la fecha no tiene rostro.
Nicaragua, según registros oficiales, los últimos años no ha sobrepasado los 200 mil metros cúbicos de producción anual de madera en rollo. Si le añadimos la corta ilegal que se estima en ese mismo volumen, la cifra no llega a medio millón de metros cúbicos anualmente, que en Centroamérica es la más baja. Para ilustrar esta cifra de producción anual podemos compararla con lo que se perdió en seis meses en Nueva Segovia a causa del gorgojo descortezador que fueron dos millones de metros cúbicos, de lo cual no se recuperó nada. Los productores privados ni siquiera cuentan con el equipamiento necesario, maquinaria de extracción moderna y eficiente para el aprovechamiento a gran escala, que es lo que preocupa a la ciudadanía, por el temor de tener en el futuro un desierto gigantesco.
La industria de primera transformación de la madera (aserraderos) ha recibido tantas presiones, que casi el 30 por ciento ha cerrado por quiebra o por desgaste. Por otra parte la industria de segunda transformación —los muebleros—, que es semiartesanal, es tan incipiente que sólo consume entre el 10 y el 15 por ciento de la producción total. De las dos plantas de plywood, una ya cerró, y la existente en Tipitapa ha reducido ostensiblemente su producción por problemas de materia prima. ¿Qué está pasando en el sector forestal? ¿Por qué se están reduciendo los negocios madereros?
Las causas son bastante claras para los empresarios forestales. El clima de negocios no es el más adecuado. Las campañas de desprestigio y descalificación del sector se han agudizado en los últimos dos años. Los impuestos han crecido injustificadamente, la inestabilidad en cuanto a las decisiones sobre moratoria forestal es permanente, los costos de operación han ido creciendo desproporcionadamente mientras los precios de venta se han mantenido. Por otra parte, los incentivos esperados, para estimular las inversiones están aún en discusión para hacer una reforma a la Ley 462.
Los saboteadores del bosque y delincuentes forestales, no transitan por las rutas normales de tráfico, es decir que la forma de perseguirlos no es a través de las carreteras. Ningún traficante ilegal va a transitar por las carreteras a menos que tenga documentos falsificados o aliados en las rutas que apoyen sus operaciones. Son los ríos, las rutas de montaña, caminos en abandono los puntos que hay que investigar para hallar ladrones de madera. Los madereros legales están cumpliendo con las disposiciones y normas técnicas para tener sus permisos de aprovechamiento y transporte forestal. Están registrados en el Inafor y sus operaciones son abiertas y claras. Hay que revisar cómo están trabajando los regentes forestales, hay que impulsar las necesarias auditorías forestales. Ya es tiempo que el sector público no vea en el productor forestal a un cliente y lo trate como tal, interesado en producir, cumplir la ley y pagar sus impuestos como está establecido.
Ha sido una guerra de desgaste la sufrida por los productores. Casi son calificados como el enemigo público número uno, aunque mayor es el desastre que en las zonas rurales se hace para la producción de carbón y leña. En el sector público, los funcionarios emergentes relacionados con el sector forestal, parecen provenir de una misma escuela, donde se confunde al productor con un enemigo del bosque. Esto debe cambiar. El sector forestal es potencialmente fuerte y un gran bastión económico. Las inversiones en plantaciones están creciendo, los empresarios están plantando miles de árboles, se deben conocer estas inversiones, y también publicarlas para que el ciudadano común las conozca y la opinión desfavorable cambie.
Realmente la satanización del sector forestal debe terminar. La imagen negativa del productor maderero legal no debería continuar. Mientras se persigue a los productores legales sin cuartel, los ilegales se fortalecen en las sombras. Los enemigos del bosque no están en las carreteras.
El autor es consultor forestal.