AFP
CIUDAD DEL VATICANO.- El cierre del apartamento de Juan Pablo II acabó este martes con el reinado del llamado “clan polaco”, que bajo la dirección del secretario personal del Papa, monseñor Stanislaw Dziwisz, fue acusado de hacer y deshacer en la Iglesia al final del pontificado.
Don Estanislao, como se le conoce en Italia, llegó a ser uno de los hombres más poderosos del Vaticano durante la enfermedad de Karol Wojtyla, a quien acompañó día y noche durante su larga agonía. Cuando la muerte finalmente se lo llevó, el Arzobispo polaco tenía una mano del Papa entre las suyas.
El poder del secretario, que hoy tiene 66 años, creció a medida que se deterioraba la salud de Juan Pablo II, quien lo consideraba casi como un hijo después de haberlo tenido 40 años a su servicio, desde la época en que se conocieron esquiando cuando era Obispo de Cracovia.
Como cada vez tenía más dificultades para expresarse, Juan Pablo II se refugió en su lengua natal, el polaco, lo que incrementó el peso de sus compatriotas, acusados de interponerse entre el Pontífice y la Curia.
Hacia el final de la vida de Juan Pablo II, Dziwisz filtraba las visitas, las comunicaciones y la correspondencia, gestionaba la agenda pontificia y actuaba como intermediario cuando la situación lo requería.
Dziwisz era también, junto con el segundo secretario y las cinco religiosas polacas que vivían con el Papa, los “familiares” a los que se refirió varias veces el portavoz de la Santa Sede, Joaquín Navarro Valls, en los últimos días del Papa.
Apenas una hora antes de su muerte —el 2 de abril a las 21H37, monseñor Dziwisz ofició una misa en la habitación del Papa, en la que participaron también otros “allegados” como su segundo secretario, el arzobispo Mieczyslaw Mokrzycki, el también arzobispo Stanislaw Rilko y el cardenal ucraniano Marian Jaworski.
Por si esto no bastara para ilustrar su estrecha relación, el Papa, en su testamento, dejó para la posteridad el agradecimiento a “la colaboración y la ayuda de tantos años y tan comprensiva” de monseñor Dziwisz.
Recibió el pésame de los grandes del planeta que asistieron al imponente funeral, en el que las cámaras de televisión lo mostraron emocionado, y fue recordado en las homilías del novenario, pero perdió poder al hacerse público que el Papa se llevó a la tumba el secreto del cardenal “in pectore” que nombró en octubre del 2003, invalidándolo.
Este martes, como prevé la Constitución Apostólica, el Cardenal Camarlengo español Eduardo Martínez Somalo, “regente” de la Iglesia durante el trono vacante, anunció a los cardenales reunidos para preparar el Cónclave que el precinto del apartamento privado del tercer piso del Palacio Apostólico que ocupaban Juan Pablo II y sus colaboradores había sido cerrado.
Este cierre obligó a mudarse a Dziwisz y las cinco Siervas del Sagrado Corazón de Jesús, guiadas por la superiora Sor Tobiana. Según la prensa italiana, el primero se trasladó temporalmente al apartamento de funciones que le corresponde en tanto que subprefecto de la Casa Pontificia, en el mismo palacio, y las segundas a un convento de su orden.
Pero este traslado debería ser sólo temporal, pues con la elección del nuevo Papa que saldrá del Cónclave que comienza el 18 de abril, podría perder todo el poder que le queda en el Palacio Vaticano.
A partir de ese momento podrá dedicarse exclusivamente a impulsar la rápida beatificación de Juan Pablo II, de la que se ha convertido en uno de sus principales promotores.