Roberto Ferrey
El Instituto Republicano Internacional (IRI) realizó el primer foro sobre elecciones primarias en Nicaragua, con exposiciones sobre experiencias, en otros países, del sistema de elecciones internas partidarias como mecanismo de participación y democratización interna.
Uno de los expositores refirió el caso de Bulgaria donde, a la desaparición de la Unión Soviética, se originó un proceso de democratización en cuyas elecciones generales se disputarían el poder la fuerza conformada por los dirigentes comunistas y tres precandidatos que ofrecían un compromiso con la libertad, los derechos humanos y una economía libre, es decir con la sustitución de las instituciones totalitarias controladas por un solo partido por una institucionalización democrática.
El IRI, expresó el expositor, y otras organizaciones democráticas gestionaron ante los tres precandidatos del sector prodemocracia para que unificaran sus fuerzas como estrategia que les pudiera garantizar el triunfo electoral. Mediante una intensa negociación los tres precandidatos consensuaron la conformación de una comisión electoral imparcial que administrara un proceso de elección primaria en el que competirían los tres precandidatos en procura de un apoyo electoral mayoritario que decidiese quién de los tres debería de convertirse en candidato único del sector prodemocracia.
Más de 800 mil ciudadanos búlgaros expresaron su opinión en dicha consulta primaria y determinaron el candidato que, pocos meses después, resultó ganador en la elección nacional de ese país; iniciando así un proceso de democratización de la sociedad búlgara.
Una regla de oro de los acuerdos logrados entre los precandidatos búlgaros fue el compromiso de aceptar el resultado de la consulta primaria y que los precandidatos perdedores apoyarían plenamente el esfuerzo electoral así unificado.
Esta experiencia electoral debe servirnos para reflexionar sobre la realidad política y electoral actual en la que, en opinión de muchos nicaragüenses, se ha puesto en peligro el proceso democrático y ciertos poderes fácticos se esfuerzan por imponernos un régimen dictatorial compartido.
Hace 15 años tuvimos nuestro inicio del proceso democrático en Nicaragua y la unificación de los partidos existentes en ese momento se resolvió mediante negociaciones entre las cúpulas de dichos partidos. Probablemente las condiciones del país no permitían la realización de una consulta carácter primaria como ocurrió en Bulgaria.
Actualmente tales condiciones han cambiado y las diversas precandidaturas que se nos han venido ofreciendo deberían asumir una estrategia electoral que, en base a consensuar un proceso de consulta primaria, permita a la ciudadanía nicaragüense determinar cuál de los precandidatos propuestos consideran sería más factible que logre el triunfo electoral de noviembre del 2006.
Un criterio común que pareciera igualar a dichos precandidatos, con todo el respeto que se merecen cada uno de ellos, es el de que por sí solos ninguno es garantía del triunfo electoral. Hecho que debería ayudarnos en esta reflexión y predisponernos a deponer intereses personales y de grupo frente a los intereses de la Patria originando una nueva mayoría garante de la continuidad del proceso democrático.
Los precandidatos asumirían una estrategia electoral común que contenga compromisos de: i) superar el pacto entre Arnoldo Alemán y Daniel Ortega; ii) conformar un gobierno incluyente y de unidad nacional; iii) iniciar el proceso de despartidarización de las instituciones democráticas fundamentales (Poder Judicial, Contraloría, Consejo Supremo Electoral, otros); iv) convocar a Asamblea Constituyente que redacte una Constitución Política democrática, participativa e impregnada de justicia social; y, v) respetar los valores, principios y aspiraciones de las diversas minorías que conforman la sociedad nicaragüense; sean étnicas, culturales, sociales, económicas o políticas.
La nueva Constitución Política debe superar la lastra histórica de usar el poder político obtenido por una mayoría temporal, para imponer su visión de la sociedad a los demás sectores de la vida nicaragüense; conformando una ley fundamental de largo plazo que genere estabilidad, gobernabilidad y desarrollo sostenible y sustentable.
El autor es secretario del Partido Resistencia Nicaragüense.