Nicole Mendoza Tijerino
Roman, Times, serif»>Opinión económica
Turismo comunitario para reducir la pobreza
Nicole Mendoza Tijerino
La historia económica de Nicaragua está plagada de marginación, atraso y pobreza, para los sectores rurales de nuestro país, donde los discursos institucionales se lucen con datos de crecimiento económico, sin tomar en cuenta que la iniquidad en la distribución de la riqueza no garantiza la reducción de la pobreza y que ésta mediará de forma transversal sobre cualquier propuesta de desarrollo que se plantee, en este caso las comunidades del Pacífico Sur de Nicaragua y el turismo no son la excepción.
Un diagnóstico socioeconómico participativo realizado por el Instituto Centroamericano de Relaciones Internacionales y Ambientales (ICRA) en las comunidades costeras y fronterizas del departamento de Rivas, observó las majestuosas potencialidades naturales, sociales y humanas con que se cuenta para el desarrollo de actividades turísticas, no sólo por su belleza escénica si no también por lo abundante y exótico de su flora y fauna, su clima que para los extranjeros es cálido, para los nacionales tiene la virtud de refrescarse con la brisa del Este que sopla desde el vecino trópico húmedo margen sur del Lago Cocibolca o ribera del río San Juan, sumado a esto lo cándido y hospitalario de su gente le otorga la facilidad para reconvertirse de su actividad tradicional hacia el turismo comunitario.
El turismo durante el año 2004 generó 166.7 millones de dólares equivalente a un crecimiento del 9.8 por ciento respecto al año anterior y ha pasado de ocupar el séptimo lugar en la generación de ingresos al país a ocupar el primero en los últimos cinco años, a nivel local y más específicamente en el Pacífico Sur de Nicaragua, la Isla de Ometepe y los municipios de Tola y San Juan del Sur, tienden a consolidarse como el epicentro de un pujante desarrollo turístico motivado por las expectativas que despierta ya la construcción de la carretera costanera, las oportunidades que brinda para enlazarse con la pujante industria turística de Costa Rica y la demanda creciente de turistas que de forma sostenida necesitan alojamiento, alimentación, actividades recreativas y servicios en general.
La propuesta tradicional que ha existido en las instituciones públicas en torno al turismo en algunos casos aún excluye o mira de soslayo a las comunidades, producto del reciente abordaje del tema o del desconocimiento de la importancia que tiene lo humano y comunitario para desarrollar el turismo en un ambiente sano, próspero, seguro, y libre de pobreza, habría que observar en qué se convertirán los ciudadanos que de generaciones anteriores han vivido en estas comunidades, si las concepciones sobre el turismo no pasan de lo tradicional y no integramos a los actores comunitarios como parte complementaria de este nuevo boom, serán acaso los salteadores y mendigos que ahuyenten al turismo o serán únicamente los sirvientes de tercera categoría para la gran industria turística.
Es por eso que para ICRA es muy importante definir el enfoque y relevancia que tendría que dársele al Turismo Comunitario, entendido éste como aquél que emprenden las comunidades y que permitirá involucrarlas directamente en el ejercicio del mismo como actores y sujetos de su ejecución, en el logro de los beneficios materiales que éste aportaría a los ciudadanos dentro de un marco de Mipymes en una estructura de asociatividad, aprovechando la diversidad de recursos para realizar los distintos tipos de turismo que le sean posibles, de otra forma el turismo tiene muy pocas o ninguna oportunidad de sacar a nuestros conciudadanos de la pobreza.
Las comunidades estudiadas en el diagnóstico centran grandes expectativas no sólo al conocer sus magníficas potencialidades, sino que vislumbran un umbral de cambios, un paréntesis en la desesperanza, unos gobiernos locales recién electos con un perfil más alto y con mayor visión de futuro.
Es hora de apostar a las comunidades que de forma milenaria han resistido los embates de exclusión, marginación y atraso, demás está hablar de la aceptación y acogida de los actores locales si sólo con las expectativas despertadas con el diagnóstico ya se han organizado las primeras Mipymes turísticas que para satisfacción nuestra han adoptado el nombre de turismo comunitario.
La autora es especialista en Turismo Comunitario.