Douglas Carcache
Hacía 20 años que el Congreso de Estados Unidos no se tomaba un tiempo para discutir sobre Centroamérica. La última vez, en 1985, lo hizo para revisar el problema de la guerra que se extendía en la región, producto de confrontaciones internas en Nicaragua, El Salvador y Guatemala, y aprobó fondos para algunos de los bandos que, en el caso de Nicaragua, fueron los contras.
Dos décadas después el nombre de Centroamérica aparece de nuevo en la agenda de los congresistas, sólo que esta vez para debatir el Tratado de Libre Comercio entre Estados Unidos, los países centroamericanos y República Dominicana, conocido como DR-Cafta.
En el Gobierno de Estados Unidos y entre las comunidades de inmigrantes centroamericanos y dominicanos hay expectativas por las audiencias que abre el Congreso estadounidense esta semana, para conocer detalles del nuevo acuerdo comercial, que tiene como referencia más cercana el Nafta, el tratado que Washington firmó con México.
Aunque el Departamento de Estado ha resaltado el éxito del Nafta, indicando que ha triplicado el comercio entre Estados Unidos y México, y que esta nación se ha convertido en su segundo socio comercial, por encima de Japón, algunos congresistas, en especial del Partido Demócrata, tienen dudas con relación al DR-Cafta y podrían votar en contra.
En efecto, la economía mexicana, que a principios de los años noventa sufrió una caída brutal conocida como “efecto tequila”, crece ahora a un ritmo sostenido de 4 ó 5 por ciento y, como dice el Gobierno estadounidense, en México “ha mejorado la democracia institucional”.
En el caso de Centroamérica y República Dominicana, lo que más parece preocuparle a los congresistas estadounidenses son las condiciones laborales, que en el DR-Cafta están contempladas como parte del acuerdo, a diferencia del Nafta que se basó estrictamente en el comercio y, después, hicieron aparte las enmiendas sobre ese tema.
El congresista demócrata Henry Cuéllar dijo la semana pasada que “las condiciones laborales tienen que ser parte del paquete y que todos lo países han de cumplirlas”, ajustándose a las normas de la Organización Internacional del Trabajo (OIT).
Los ministros del Trabajo de la región llegaron la semana pasada a Washington a entregar a los congresistas un “libro blanco” sobre los avances en materia laboral, en cada país, y los problemas que necesitan superar, para lo cual el Senado estadounidense ya les aprobó 20 millones de dólares, que servirán para que arranque el proceso de mejoras.
El Ministro de Comercio de Costa Rica, Manuel González, dijo en Washington de que los gobiernos centroamericanos y dominicano están empeñados ahora en reforzar la institucionalidad y demostrar que el DR-Cafta es en provecho de todos los ciudadanos, que los beneficios bajarán a todos los sectores laborales.
Estas exigencias del Congreso estadounidense nos están indicando que el DR-Cafta será un acuerdo más que comercial, porque lo laboral ya es un tema novedoso en un tratado de éstos y en este sentido será favorable para los ciudadanos en general.