Dignatarios de 200 naciones y alrededor de 600,000 fieles inundaron la Plaza San Pedro, la Vía Conciliación y calles aledañas durante las exequias de Juan Pablo II.

Juan Pablo II yace en el Vaticano

CABLES COMBINADOS CIUDAD DEL VATICANO.- Juan Pablo II, el Papa venido de lejos, el 264 sucesor de Pedro, descansa ya bajo tierra en las Grutas Vaticanas. Karol Wojtyla fue enterrado en una ceremonia íntima que concluyó a las 2:20 p.m. (6:20 a.m. en Nicaragua), tras el funeral celebrado en la plaza de San Pedro al […]

CABLES COMBINADOS

CIUDAD DEL VATICANO.- Juan Pablo II, el Papa venido de lejos, el 264 sucesor de Pedro, descansa ya bajo tierra en las Grutas Vaticanas. Karol Wojtyla fue enterrado en una ceremonia íntima que concluyó a las 2:20 p.m. (6:20 a.m. en Nicaragua), tras el funeral celebrado en la plaza de San Pedro al que asistieron más de un millón de fieles.

El solemne funeral se celebró ante la presencia de los más importantes líderes políticos de la tierra y los de todas las confesiones religiosas, así como de cientos de miles de polacos venidos desde la tierra en la que el Pontífice no descartó en una época descansar para siempre.

El funeral fue oficiado por el Decano del Colegio Cardenalicio, Joseph Ratzinger, quien en su homilía dijo que los sentimientos que embargaban en esos momentos “son de tristeza total, pero también de alegre esperanza y de profunda gratitud”.

El purpurado alemán recordó lo años de juventud del pontífice, “cuando estaba circundado y amenazado por el terror nazi”, y destacó que Juan Pablo II siempre buscó el encuentro con todos, que tuvo capacidad de perdón y de apertura de corazón.

“Nuestro Papa -lo sabemos todos- jamás quiso salvar la propia vida y tenerla para él, siempre se dio sin reservas, hasta el último momento”, subrayó.

“SANTO YA, SANTO YA”

Ratzinger manifestó que Wojtyla sufrió y amó en comunión con Cristo y que por ello el mensaje de su sufrimiento y de su silencio “ha sido tan elocuente y fecundo”.

Destacó que jamás se podrá olvidar el esfuerzo que hizo esta pasada Semana Santa para, marcado por el sufrimiento y la enfermedad, asomarse a la ventana de su apartamento para dar la bendición Urbi et Orbi.

“Podemos estar seguros de que nuestro amado Papa está ahora en la ventana del Padre, nos ve y nos bendice. Sí, nos bendiga Santo Padre”, imploró el cardenal decano.

La homilía de Ratzinger fue acogida con los gritos de “Santo, ya, santo, ya”, que no cesaron y que a partir de ese momento fueron en un “in crescendo” que se esparció por toda la plaza en segundos.

Ello obligó a que cuando el Papa era llevado a la cripta para la sepultura, los sediarios, los antiguos portadores de la Silla Gestatoria, levantaran el féretro y lo mostraran a los fieles, que emocionados y llorando no cesaban de pedir la santificación.

VELO BLANCO CUBRIÓ SU ROSTRO

Esta jornada histórica comenzó a primeras horas de la mañana cuando en presencia del Camarlengo de la Iglesia Romana, el cardenal español Eduardo Martínez Somalo, el cuerpo sin vida de Karol Wojtyla fue introducido en un féretro de ciprés forrado de terciopelo carmesí, el primero de los tres en los que fue enterrado.

Tras ser colocado en la caja, el Maestro de Ceremonias Pontificias, el arzobispo Piero Marini, leyó el Rogito, un pergamino en el que está escrita la vida y obras más importantes de Juan Pablo II.

Después, Marini y el secretario privado del pontífice, Estanislao Dziwisz, cubrieron con un velo blanco de seda el rostro del Papa.

Posteriormente, Marini introdujo en el féretro las medallas acuñadas durante el Pontificado y un tubo de plomo en cuyo interior se colocó el Rogito.

A hombro de doce sediarios, y mientras la campanas tocaban a muerto, el féretro fue sacado a la plaza y depositado en el suelo. Encima le fue colocado un libro de los Evangelios abierto.

La misa fue concelebrada por 164 purpurados, mientras 320 sacerdotes repartieron la comunión.

EL VIAJE FINAL

Concluida, el cadáver emprendió el viaje final, mientras los presentes, sobre todo muchos jóvenes, lloraban desconsolados y seguían pidiendo la canonización.

Camino de la tumba, el féretro atravesó toda la basílica y salió por la puerta lateral de Santa Marta, para entrar por otra que conduce a las Grutas.

El féretro de madera de ciprés fue precintado con cintas rojas, en las que se pusieron los sellos de la Cámara Apostólica, de la Prefectura de la Casa Pontificia, de la Oficina de las Celebraciones Litúrgicas del Papa y del Capítulo Vaticano.

La caja de ciprés fue encajada en otra de plomo de cuatro milímetros de espesor, a su vez encajada en otra de madera de olmo barnizada.

Sobre esta última se colocó un crucifijo y el escudo del Pontífice difunto.

Una sencilla lápida, en la que está escrito en latín el nombre de Juan Pablo II y cuando nació y murió, cubre el enterramiento.

A POCOS METROS DEL APÓSTOL PEDRO

Un notario del Capítulo de la Basílica Vaticana redactó el acta de la sepultura y lo leyó ante los presentes, un reducido grupo presidido por el Camarlengo y del que formó parte la “familia pontificia” del Papa, sus secretarios, las monjas que le cuidaron y su médico personal.

Estanislao Dziwisz, su fiel secretario, lloró desconsoladamente en numerosos momentos de la ceremonia.

Juan Pablo II ha sido enterrado bajo tierra -como pidió expresamente- en el espacio que ocupó la sepultura de Juan XXIII, que actualmente está enterrado en una capilla de la basílica de San Pedro.

Descansa a pocos metros de la tumba del Apóstol Pedro, al lado de la tumba de Pablo VI y frente a la de Juan Pablo I.

El funeral abre el tradicional novenario de misas en sufragio del Papa en la basílica de San Pedro, que se prolongará hasta el 16 de abril, dos días antes de que comience el cónclave del que saldrá el 265 sucesor de San Pedro.

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