Papa

Luis Sánchez Sancho

Una persona lectora de esta columna, que no se identificó, me preguntó por medio del correo electrónico: ¿por qué al Sumo Pontífice de la Iglesia Católica se le llama Papa?

Interesante pregunta, en realidad, porque decirle Papa a Su Santidad es tan común y espontáneo, que nadie se detiene a pensar en cuál es el origen y sentido de tal expresión.

Según dice Maxwell Stuart en su Crónica de los Papas, la palabra Papa está formada por las iniciales de Petro Apostoli Potestatem Accipien (El que recibe la potestad del Apóstol Pedro). Pero, al mismo tiempo, Papa proviene del vocablo griego papas y su equivalente latino papa, que significa padre venerable. De manera que ambos sentidos, el morfológico y el etimológico, se unen para darle significado al título y denominación más popular (Papa) que se otorga al Romano Pontífice, es decir, al jefe máximo de la Iglesia Católica, que tiene su sede en Roma y de la que también es su obispo, igual que lo fuera San Pedro Apóstol de quien es su sucesor.

Según Gregorio Doval Huecas, periodista e historiador español y biógrafo de Juan Pablo II, en la Iglesia de la antigüedad el tratamiento y título de Papa se le daba a todos los obispos. Pero desde principios del siglo VI poco a poco dicho nombramiento se fue reservando exclusivamente al Obispo de Roma, a quien se reconoció como jefe supremo de la Iglesia por ser el sucesor de San Pedro, el primer obispo romano.

Precisamente en ese mismo siglo VI, el Papa dejó de ser elegido por el clero y el pueblo cristiano de Roma, y el emperador romano se reservó para sí mismo ese derecho. Y así fue hasta que el Papa Nicolás II, en un sínodo celebrado en Roma en 1059, estableció que serían los cardenales obispos quienes escogerían al Papa. Como en efecto es hasta ahora.

Por su parte, el también español César Vidal Manzanares, quien es una autoridad en el estudio comparado de las religiones monoteístas, asegura que la denominación de Papa se le daba a todos los obispos hasta 1073, cuando el Sumo Pontífice Gregorio VII determinó que sería un título exclusivo del Obispo de Roma.

Otro español, el enciclopedista jurídico y universal Guillermo Cabanellas, aporta que fue San Ignacio quien llamó Papa al Obispo de Roma, por primera vez, refiriéndose a San Lino, quien fuera el sucesor inmediato de San Pedro. Pero, agrega Cabanellas que de igual manera —Papa— se llamaba a todos los obispos y recuerda que así nombró San Jerónimo a San Agustín.

Posteriormente, señala Cabanellas —pero sin especificar en qué momento de la historia—, “para evitar confusiones en la jerarquía eclesiástica se recurrió entonces a designar como Dominus Papa (Señor Padre) al Romano Pontífice, y también cual Papa Apostólico”.

Finalmente, coincidiendo con César Vidal Manzanares, Cabanellas anota que a fines del siglo XI el Papa Gregorio VII ordenó que el tratamiento y título de Papa se diera únicamente al Obispo de Roma. Desde entonces así es y ahora todo el mundo sabe y da por descontado que al decir Papa se refiere a Su Santidad, al Sumo Pontífice, al Santo Padre, Vicario de Jesucristo, Romano Pontífice, Padre Santo, Cabeza de la Iglesia y Obispo de Roma, como se le llama también al jefe de la Iglesia Católica mundial.

Y como se informó en la edición de LA PRENSA del domingo 3 de abril corriente, el recientemente fallecido Juan Pablo II fue el Papa número 264 de la historia.

×

El contenido de LA PRENSA es el resultado de mucho esfuerzo. Te invitamos a compartirlo y así contribuís a mantener vivo el periodismo independiente en Nicaragua.

Comparte nuestro enlace:

Si aún no sos suscriptor, te invitamos a suscribirte aquí