Henry Espinoza Nicaragua
Para mucho economistas y creyentes en la liberación de mercados como única salida al problema de la pobreza en el mundo se les hace difícil comprender que libertad para negociar no puede ser equivalente de libertad para explotar. Por ejemplo, sin gobiernos capaces de establecer leyes que protejan la salud de las/los trabajadores y la moralidad de los negocios, los inversionistas extranjeros o nacionales podrán contratar menores de edad, quienes generalmente desconocen que existen derechos laborales, podrán hacer trabajar a las/los empleados mas allá de los horarios establecidos, pagarles menos, hacer que sus empleados trabajen forzadamente en actividades que pueden ser incluso criminales. En fin, tener dinero es tener poder, y si no hay reglas que respetar o nadie que las haga cumplir, imagínese usted qué cosas podrán hacerse cuando hay mucho dinero que invertir.
Muchos gobiernos del mundo en desarrollo, incluyendo el nuestro, compiten por atraer inversión extranjera, la cual ven como una estrategia para mejorar el problema económico en casa. Ninguna decisión podrá ser mas acertada ya que, frecuentemente, el establecimiento de empresas extranjeras trae consigo nuevos empleos, nuevos conocimientos, nuevos productos, y por supuesto capital. Para la empresa extranjera las cosas funcionan muy bien del lado de su cancha ya que, frecuentemente, son beneficiadas con exoneraciones de impuestos y con mano de obra más barata, entre otras cosas.
El problema empieza cuando el gobierno de un país decide que en aras de atraer o retener a la empresa extranjera, permite (o se hace el de la vista gorda) a la empresa pague menos a los trabajadores, les pague menos beneficios, despedirlos si se enferman y los haga trabajar mas. En esa misma dirección solo podrá esperarse un nuevo estilo de esclavitud.
Cada vez que en Nicaragua hablamos de exigir a los empresarios cumplimiento con los estándares mínimos que tenemos para las condiciones laborales, muchos saltan y dicen que de esa forma podríamos estar ahuyentando a los inversionistas. Es cierto. El problema es que hay países más pobres que el nuestro o con gobierno menos escrupuloso que el nuestro en donde los inversionistas podrán hacer un mejor agosto. El problema podría resolverse si todos los países del mundo exigieran el cumplimiento de estándares laborales mínimos. Los tratados de libre comercio y la eventual globalización económica, promovida por la Organización Mundial del Comercio (OMC), hacen poca o ninguna alusión a los derechos humanos y condiciones laborales de niñas, niños, mujeres y hombres.
Muy pocos podremos vivir lo suficiente para ver los pronosticados beneficios de la globalización económica que auguran los economistas y otros creyentes.
Definitivamente que el comercio ha sido uno de los motores del desarrollo de la humanidad, pero igualmente es cierto el problema del abuso y explotación.
Mientras el prometido paraíso nos llega, acaso no sería mejor asegurar desde ya que nuestros compatriotas son sujetos con derechos humanos y laborales.
El Gobierno podría promover que entre los países centroamericanos, miembros del Tratado de Libre Comercio DR-Cafta, los derechos de las/los trabajadores a un salario digno, a la unión sindical, a una jornada regular de trabajo, etc., son preservados en el papel y en la práctica. Que hay de malo en pedir inversión económica con respeto por los derechos humanos, por la justicia?
El autor es master en salud pública, reside en Washington.