El sector agropecuario nicaragüense garantiza más de US$ 600 millones en exportaciones.

Un gigante con los pies de barro

El sector agropecuario es rentable, según sostienen los diferentes actores, dado el enorme potencial que tiene, pero lograr los beneficios necesitan soluciones a una serie de problemas que están afectándoles desde mucho tiempo atrás, pero la respuesta no es solamente del Gobierno sino también del sector privado Luis Núñez Salmerón Ver infografíaCada semana decenas de […]

  • El sector agropecuario es rentable, según sostienen los diferentes actores, dado el enorme potencial que tiene, pero lograr los beneficios necesitan soluciones a una serie de problemas que están afectándoles desde mucho tiempo atrás, pero la respuesta no es solamente del Gobierno sino también del sector privado

Luis Núñez Salmerón

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Cada semana decenas de camiones recorren muchas fincas agrícolas ubicadas en diferentes puntos del país para acopiar diferentes productos como frijol, queso, tubérculos, entre otros que posteriormente salen por las diferentes fronteras hacia Honduras, El Salvador o Costa Rica. De allí, después de ser procesados, son reexportados a otros países que incluyen Nicaragua en una industria que al parecer es muy rentable, pues implica hacer un recorrido por malos caminos y en condiciones de infraestructura difícil.

Las cifras oficiales sobre la economía apuntan a que la producción agropecuaria es uno de los pilares del desarrollo del país. Según el Banco Central de Nicaragua (BCN), la agricultura y la ganadería constituyen el 18 por ciento del Producto Interno Bruto (PIB), estimado en 4,400 millones de dólares en el 2004 .

Pero más allá de los números salta a la vista la pregunta sobre sí realmente el sector agropecuario es rentable. Hay un criterio unánime en cuanto a señalar que el sector sí es rentable, aunque para algunos las actuales políticas y costos son una seria limitante. “A como están las cosas actualmente no es rentable, al menos para la pequeña producción”, afirma Álvaro Fiallos, presidente de la Unión Nacional de Agricultores y Ganaderos (UNAG).

Sin embargo la necesidad mundial de alimentos constituye de por sí una oportunidad de mercado para la producción agropecuaria nicaragüense “si utilizáramos toda el área productiva de Nicaragua para la producción de frijol negro, por ejemplo no cubrimos la demanda del producto en Costa Rica, Venezuela y México”, afirma el sociólogo y especialista en economía campesina Orlando Núñez Soto.

Y es aquí donde se agudiza el debate, ya que por un lado hay fuertes inversiones en el sector pero por otro lado la pequeña producción agropecuaria queda al margen de las políticas de desarrollo en términos generales.

ABANDONO

“El Gobierno nos ha abandonado”, afirma con cierta decepción Manuel Álvarez, presidente de la Unión de Productores Agropecuarios de Nicaragua (Upanic), la organización que aglutina al sector más empresarial de los productores.

Pero independiente a la corriente de pensamiento que haya en torno a este debate, todos coinciden en señalar que el sector sí es rentable “el boom económico de los años 50 estuvo en relación directa con el sector agropecuario”, sostiene Jorge Brenes, gerente de la Asociación de Productores y Exportadores de Nicaragua (Apen), haciendo referencia al café, el algodón y la carne.

CON MUCHO PODER

Reiteradas veces se ha mencionado a este sector como la “Cenicienta” de la economía, un término que resulta contradictorio si partimos de su aporte al PIB, genera la mayor cantidad de empleos y constituye el 65 por ciento de las exportaciones totales.

Además hay fuertes intereses de inversión extranjera para la producción en gran escala en Sébaco, Matagalpa, zona central para cultivos como pimientón, cacao, caucho, tomate, entre otros que implican inversiones millonarias.

Según Brenes, la balanza comercial en las exportaciones de carne a Estados Unidos se ha incrementado de 50 a 80 millones de dólares, sector donde hay inversiones de empresarios de Taiwán y México, que ven un importante potencial. En el 2004 se exportaron alrededor de 150 millones de dólares en productos de origen pecuario.

No obstante los problemas continúan siendo agudos, “no es posible que mientras las empresas de zona franca lleven sus productos a Miami en dos horas, sacar la producción de Waslala, Siuna o Río San Juan tarde dos días”, afirma, Álvaro Fiallos, de la UNAG.

Un sector que según Gerardo Escudero, representante del Instituto Interamericano de Cooperación para la Agricultura (IICA) en Nicaragua, ha sido visto por todos los gobiernos latinoamericanos como “los pies de barro” de sus países.

Una situación que se agudiza por la falta de financiamiento accesible a la mayoría de los productores pequeños y medianos, quienes tienen que trabajar con un crédito caro y de corto plazo. “Por esta razón es que estamos apoyando la creación de un banco de fomento”, añade Manuel Álvarez, presidente de Upanic.

¿Y LOS FONDOS?

El año pasado el Gobierno informó que había disponible más de tres mil millones de córdobas para financiar el ciclo agrícola, pero fue un financiamiento que no llegó al sector.

Según el presidente de UNAG, Álvaro Fiallos, en base en datos del Ministerio Agropecuario y Forestal (Mag-For), asegura que con los mil 500 millones de córdobas disponibles en la Financiera Nicaragüense de Inversiones (FNI) solamente se financió al seis por ciento de los usuarios del crédito, mientras que con el resto, disponible en la banca privada, solamente se cubrió un dos por ciento entre productores grandes y medianos.

EL GRAVE PROBLEMA DE LA PROPIEDAD

Otro de los problemas que tensionan al sector es el de la propiedad. Gran cantidad de cooperativas están estancadas porque sus propiedades se encuentran en serios conflictos legales que no les permiten hacer inversiones o tener acceso al crédito.

Un problema que además de tensionar el ambiente social es un freno para la inversión, “hay inversionistas que ven en ello un obstáculo serio”, recalca el presidente de Upanic, que muestra una seria preocupación por el avance en las tomas de tierras en diferentes puntos del país.

A esto todos coinciden en la necesidad de fortalecer también el marco jurídico que permita regular las relaciones comerciales entre los diferentes actores de la cadena productiva, afirma Gerardo Escudero, representante del Instituto Interamericano de Cooperación para la Agricultura (IICA).

“Hay transacciones que se hacen de boca, no hay protección para una y otra parte a la hora de los reclamos”, indica.

Pero con un marco legal claro, estabilidad política y social, financiamiento, hace falta también que el sector agropecuario se organice. En principio no se puede hablar de calidad, sino también se debe hablar de cantidad. Un pequeño productor no es lo mismo diez pequeños productores vendiendo por separado mil toneladas de frijoles que una cooperativa vendiendo esta misma cantidad.

TRAS LA CALIDAD

Para el Gobierno, la prioridad en el sector agropecuario es la calidad, tanto para el mercado nacional como internacional, afirma Roberto Bendaña, presidente de la Comisión Nacional de Competitividad.

A ORGANIZARSE

Según Sinforiano Cáceres, presidente de la Federación de Cooperativas Agroindustriales (Fenacoop R.L), que los productores se organicen les permite estructurar mejor toda la cadena de producción y comercialización a través de una mayor especialización de cada uno de los eslabones de la cadena. En este sentido han logrado que muchas cooperativas amplíen su oferta de servicio rompiendo con la idea de ser solamente productores de materias primas.

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