El Papa y Terry

Pedro Rafael Gutiérrez Doña Mientras el Papa Juan Pablo II aferrado a la vida agonizaba frente a una serie de complicaciones físicas, grupos pro-muerte celebraban el fallecimiento de la norteamericana Terry Schiavo. Pareciera que la vida se mece en el péndulo de aquéllos que creemos que la vida debe defenderse, que es de origen divino, […]

Pedro Rafael Gutiérrez Doña

Mientras el Papa Juan Pablo II aferrado a la vida agonizaba frente a una serie de complicaciones físicas, grupos pro-muerte celebraban el fallecimiento de la norteamericana Terry Schiavo. Pareciera que la vida se mece en el péndulo de aquéllos que creemos que la vida debe defenderse, que es de origen divino, posee un gran valor y tiene sentido; y en el otro lado, en los que creen equivocadamente que la muerte es preferible a la vida y que ésta es potestad del hombre.

Nunca antes la muerte se había visto tan polarizada, millones de espectadores hemos observado como públicamente la vida de una persona se discute en los tribunales de justicia y a la que mediante un fallo judicial se le quitan los alimentos y matan lentamente.

Por su parte Juan Pablo II mostrando esa valentía que demostró durante toda su vida en defensa de los más necesitados y como la voz de los que no tienen voz, luchó incansablemente aquejado por la enfermedad de Parkinson y otras afecciones esperando también su partida, pero en el tiempo de Dios.

Schiavo guardó silencio durante muchos años, imposibilitada a decidir por su vida, sus familiares son apartados y es usada vergonzosamente por grupos extremistas como bandera de la muerte institucionalizada.

Vergüenza y pena habría expresado el Papa al manifestarse en la forma que le quitaron la vida a esta mujer. Vergüenza y pena sentimos todos aquéllos que creemos que la vida es un don de Dios y que Él da la vida y también la toma.

Cartas al Director

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