Cuerpo tatuado de un miembro de la “Mara 18” en El Salvador.

Códigos de “ética” y hermandad hasta la muerte

Tatuajes son lenguaje de conducta e identidad AFP GUATEMALA.- En las pandillas centroamericanas, conocidas como maras, impera un “código de ética”, reflejado en tatuajes a veces enigmáticos, y similares a los de la mafia italiana o del narcotráfico: el que entra no sale, sólo sale muerto, y ni Dios puede interceder. Luis Carlos, un joven […]

  • Tatuajes son lenguaje de conducta e identidad

AFP

GUATEMALA.- En las pandillas centroamericanas, conocidas como maras, impera un “código de ética”, reflejado en tatuajes a veces enigmáticos, y similares a los de la mafia italiana o del narcotráfico: el que entra no sale, sólo sale muerto, y ni Dios puede interceder.

Luis Carlos, un joven guatemalteco cubierto de tatuajes y ex integrante de la “Mara 18”, una de las más violentas de la región, convalece en un hospital tras recibir dos balazos de sus ex compañeros.

El 23 de febrero, luego de bajar de un autobús tras predicar la Palabra de Dios junto a su esposa y un compañero, fue abordado por varios pandilleros en bicicletas. Lo increparon y luego a quemarropa le dispararon con armas 9 mm.

Un proyectil le perforó el pulmón derecho, el otro le quebró el fémur del mismo lado, y luego la bala se desvió hasta quedar reposada en el hígado.

Luis Carlos ingresó a las pandillas a los 12 años, según relató a la AFP, donde encontró el calor que no tuvo en su hogar, pues proviene de una familia desintegrada y de escasos recursos, en la que su progenitora lo dejaba solo todo el día y parte de la noche.

Su paso por la violenta “Mara 18” lo dejó marcado de por vida. Dos lágrimas tatuadas a un costado de su ojo izquierdo, que significan el recuerdo de dos personas queridas que fallecieron hace muchos años.

En la frente luce otro tatuaje de tres puntos en forma de triángulo, que detallan los lugares comunes en los que transcurre la vida de un pandillero: la cárcel, el hospital o el cementerio; un tatuaje que tiene otro significado para un no marero: sexo, drogas y ‘rock and roll’.

En el mentón se observa un número XV, seguido de un 3 arábigo, que delatan que perteneció a la “M-18”; en el pecho un número más tatuado, sobre sus cejas también puede observarse la frase “South Side”, y muchos otros tatuajes.

Ya no es marero, pero los tatuajes despiertan desconfianza y temor en el centro hospitalario donde convalece, siempre con su joven esposa a su lado, cuidándolo y velándolo. Para protegerlo, sus amigos más allegados se han encargado de difundir el rumor de que murió.

Puede interesarte

×

El contenido de LA PRENSA es el resultado de mucho esfuerzo. Te invitamos a compartirlo y así contribuís a mantener vivo el periodismo independiente en Nicaragua.

Comparte nuestro enlace:

Si aún no sos suscriptor, te invitamos a suscribirte aquí