- La represión ha sido la respuesta dada al peor problema de seguridad regional, pero sus resultados son dudosos porque la violencia y el crimen siguen en aumento. Los presidentes de Centroamérica se reúnen hoy para discutir el problema
AFP
PRIMERA DE DOS PARTES
TEGUCIGALPA.- América Central amaneció la víspera de la última Navidad, consternada por el asesinato de 27 personas a sangre fría en un autobús, emboscado en Honduras por integrantes de maras o bandas de jóvenes delincuentes: un episodio más del preocupante fenómeno social que reúne, en un círculo vicioso, juventud y miseria, migración a Estados Unidos, droga y ultraviolencia.
El hecho ocurrido el 23 de diciembre en el que murieron 19 niños recorrió el continente como señal de alarma del grave problema de inseguridad que sacude a la región centroamericana, ayer víctima de guerras civiles y conflictos ideológicos que en los años 80 dejaron un saldo de más de 300,000 muertos, hoy blanco de la delincuencia y las pandillas juveniles que siembran el terror.
Guatemala, Honduras y El Salvador son los países más afectados por las maras, contracción del término marabunta: una colonia de hormigas depredadoras carnívoras de las selvas de Sudamérica.
De acuerdo con cifras oficiales, entre 40,000 y 250,000 jóvenes de las barriadas marginales centroamericanas forman parte de las pandillas, entre las que figuran las poderosas Mara Salvatrucha (MS) y Mara-18.
Se iniciaron como barras juveniles de las barriadas pobres, pero hoy se han convertido en verdaderas organizaciones criminales, de acuerdo con un estudio de la Universidad Centroamericana (UCA) de El Salvador.
Jóvenes, hombres y mujeres, de hogares pobres y desintegrados, conforman esas maras, que han tenido como única respuesta del Estado y los gobiernos, la represión, encarnada en el término acuñado por el presidente salvadoreño Elías Antonio Saca, como la política de “Súper Mano Dura”, su principal promesa de campaña electoral en 2004.
El término gustó a sus homólogos de Honduras, Ricardo Maduro, y más tarde al guatemalteco Oscar Berger, que programaron para este viernes en Tegucigalpa la primera “Cumbre anti-maras”, con la presencia también de sus homólogos Abel Pacheco (Costa Rica) y Enrique Bolaños (Nicaragua), y representantes de México y Estados Unidos.
PRIMERO GUERRILLEROS, LUEGO MAREROS
Las maras comenzaron a surgir en la década de los 90, luego de los procesos de paz entre las guerrillas izquierdistas y el Gobierno de El Salvador (1992) y en Guatemala en 1996.
El fenómeno se extendió a Honduras, donde no hubo guerra civil, pero sí prevalecían las causas que originaron los conflictos armados en América Central: pobreza, marginación, desempleo y deficientes servicios de educación y salud pública, además de la consecuente desintegración familiar, alentada por la situación descrita.
Las principales pandillas, la Mara Salvatrucha (MS) y la Mara 18 (M-18), están consideradas como las más peligrosas de la región y sus tentáculos se extienden a México y Estados Unidos.
Ambas nacieron en Los Ángeles, California, formadas por hijos de inmigrantes que no pudieron integrarse socialmente o que se sintieron marginados en Estados Unidos.
“Yo fui parte del embrión de las maras en Los Ángeles. Era de la Mara Salvatrucha, integrada en su mayoría por salvadoreños, y entonces me apodaron ‘El Catracho’, como ahora soy conocido en la penitenciaría”, dijo a la AFP en la cárcel un marero que sólo dijo llamarse Mario, de 45 años.
“La mara se forma cuando la gente no tiene trabajo, no tiene familia, y ahí busca cariño, amigos y solidaridad”, declaró “El Catracho”, que dice que ya dejó las pandillas.
En las maras impera un “código de ética” similar al de la mafia italiana: sus miembros encuentran en ella protección, y el que entra no sale, o sólo sale muerto. Los mareros desarrollaron una estética ‘trash’ de tatuajes a veces enigmáticos o cabalísticos, donde los números 13, 18 ó 3 ocupan un lugar preponderante.
REPRESIÓN APOYADA POR LA OPINIÓN PÚBLICA
Aunque en Estados Unidos las maras estaban signadas por la violencia y se enfrentaban entre sí, en Centroamérica comenzaron como barras de las barriadas marginales y posteriormente fueron evolucionando hasta convertirse en parte del crimen organizado, según un estudio de la Universidad Centroamericana (UCA) de El Salvador.
La Policía hondureña sostiene que fueron miembros de la MS los que perpetraron la masacre del autobús ametrallado en diciembre en una barriada de San Pedro Sula, 240 km al norte de Tegucigalpa.
La masacre se habría dado en respuesta a las políticas represivas del presidente Maduro, quien en muchas ocasiones dirige personalmente los operativos contra los presuntos delincuentes, a veces capturados y enviados a prisión por el solo hecho de llevar tatuajes en sus cuerpos.
Los niveles de violencia atribuidos a las maras también quedaron de manifiesto en Honduras el 26 de abril del 2004, cuando la Policía encontró la cabeza de un hombre que fue decapitado, y a la que le fue adherido un mensaje con amenaza de muerte para Maduro.
Tales niveles de violencia ganaron el apoyo de un alto porcentaje de los centroamericanos para las políticas represivas reivindicadas por Saca, Berger y Maduro.
Los tres presidentes promovieron desde el 2004 la política de capturas y represión de los supuestos pandilleros y modificaron el código penal de sus países, para endurecer las penas carcelarias.
CUMBRE ANTI-MARAS, HOY
La dimensión otorgada por los gobiernos centroamericanos al fenómeno de las pandillas motivó a Berger, Maduro y Saca, a convocar para el primero de abril en Tegucigalpa la primera “Cumbre anti-maras”.
“Las pandillas están relacionadas al crimen organizado… y no me extrañaría, y no puedo descartar, que estén relacionadas al terrorismo internacional”, dijo el presidente Saca para justificar la Cumbre de Tegucigalpa.
“El problema de las maras se nos ha convertido en un problema regional que requiere de soluciones regionales”, aseguró el mandatario salvadoreño.
Por su parte, Berger compartió la posición de Saca y abogó por la presencia de representantes del Gobierno de George W. Bush en la reunión del primero de abril, para analizar entre otras cosas las deportaciones de mareros.
Berger dijo que los pandilleros son utilizados por el narcotráfico y que son “altos consumidores de droga y para ello asaltan, descuartizan. Son un peligro latente”.
¿EN BUSCA DE FINANCIAMIENTO POLICIAL?
Saca remató con un “no se trata de niños bien portados (los mareros que son deportados), no son muchachos que rezan el Rosario. Son verdaderos criminales”.
Sin embargo, el gubernamental comisionado de Derechos Humanos de Honduras, Ramón Custodio, manifestó que la política de represión y el supuesto vínculo de grupos terroristas con las pandillas juveniles es una estrategia porque los gobernantes saben que “con ese discurso venden bien su imagen a la Embajada americana (Estados Unidos)”.
Según Custodio, los gobiernos centroamericanos buscan llamar la atención de Washington para obtener financiación para los cuerpos policiales.
“Un Estado de Derecho no puede basar su respuesta a la criminalidad en la venganza; en contestar la violencia con más violencia. Eso equivaldría a rebajarse al nivel del delito que se pretende combatir”, advirtió Custodio.
Por su parte, la Universidad Centroamericana (UCA) de El Salvador aseguró hace dos semanas que los gobiernos de derecha han fracasado en la lucha contra la delincuencia y la violencia.
“Los estudios y análisis que se hicieron, tanto para el plan Mano Dura, como del plan Súper Mano Dura, además de llamar la atención sobre sus consecuencias negativas en el plano jurídico y del respeto a los derechos humanos, anticiparon su fracaso más estrepitoso”, señaló la UCA.
La universidad recordó que El Salvador afronta un aumento en la cifra de homicidios y, según datos policiales, entre enero y febrero del 2005, 552 salvadoreños murieron producto de la violencia. El promedio de homicidios por día en El Salvador es de 9.3, altísimo en un país con 6.5 millones de habitantes.
¿MARAS Y AL QAEDA?
El 29 de junio del 2004, el ministro de Seguridad Pública de Honduras, Oscar Álvarez, buscó fortalecer aún más la política de represión contra las pandillas al advertir sobre la supuesta presencia de un terrorista de la red de Al Qaeda en territorio hondureño, con la supuesta pretensión de establecer una alianza con las maras.
Álvarez anunció a la prensa que el presunto terrorista saudí Adnan Guishar El Shakri Jumah o Yafar Al Taya (de 38 años), habría ingresado a Honduras un mes antes de aquella fecha, el 27 de mayo de 2004, por lo que las autoridades fueron puestas en estado de alerta.
«La información que tenemos es que (Al Taya) habría estado presuntamente en Honduras el 27 de mayo, y en otros países centroamericanos, por lo que se declaró una alerta», subrayó el ministro hondureño.
Según informes del diario estadounidense ‘The Washington Times’, integrantes de Al Qaeda se han reunido con líderes de la Mara Salvatrucha y la M-18 de El Salvador y Honduras, en busca de ayuda para infiltrarse a Estados Unidos.
En octubre de 2004, el Vicepresidente de Guatemala, Eduardo Stein, secundó la versión de Álvarez.
«Hemos recibido información de inteligencia en el sentido de que pudieran estarse produciendo contactos entre organizaciones terroristas como Al Qaeda y maras» de la región, afirmó el Vicepresidente guatemalteco.
Hasta el momento no se ha publicado ninguna prueba contundente que justifique esa versión.
ESCASO ÉXITO
“El Gobierno del presidente (salvadoreño Tony) Saca ha incumplido con una parte de su propósito: además de demonizar a los pandilleros, los han hostigado, acosado, maltratado y encarcelado. Pero pese a ello, no ha cumplido con su promesa de erradicar la violencia y el crimen”, enfatizó un estudio de la UCA de El Salvador.
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