Orlando N. Bonilla
Me causa mucha pena oír decir a supuestos líderes políticos que para que haya paz y tranquilidad en el país debe de haber amnistía o perdón para el reo Arnoldo Alemán.
¡Qué mentes más retorcidas y cínicas! Estos señores y señoras dicen lo anterior no porque sean ignorantes o no letrados, ya que casi todos tienen suficiente educación para ser diputados, magistrados, jueces u otros cargos similares. No sé qué los inclina a opinar de esa manera ya que muchos de ellos tienen buen intelecto y comodidad económica para vivir confortablemente y no necesitan de ese puesto para vivir tranquilos sin que su conciencia los ultraje. Otros posiblemente nunca encontrarán otro puesto igual, por su incapacidad intelectual, o porque simplemente no quieren trabajar y ese es el mejor puesto para ganar mucho y trabajar poco. ¿Qué opinan sus familiares y amigos? ¿qué les dicen en las reuniones sociales a las que atienden? ¿cómo se sienten al ser cuestionados? ¿por qué públicamente dicen con toda la seriedad que pueden recopilar en sus caras que Alemán es un reo político y su encarcelamiento se debe meramente a acciones relacionadas con la política?
No considero que sinceramente en su conciencia crean lo anterior, ya que independientemente de las leyes y los juicios jurídicos que se han dado, la lógica nos dice que un asalariado ganando diez mil dólares al mes, menos IR y Seguro Social, ¿cómo va a poder costear cuatro o cinco fiestas matrimoniales fastuosas en un período de dos años gastando cientos de miles de dólares en total? Y además de lo anterior, comprar haciendas y otros tipos de bienes raíces por varios millones de dólares, a lo que debemos agregar los viajes no oficiales con un gran acompañamiento de personas, lo que causaba una perenne diversión neroniana. Por todo esto, creo que es un cinismo total de tales políticos, especialmente los diputados, ya que muchos de ellos fueron partícipes en estas fiestas y perfectamente saben los gastos incurridos. No se puede alegar que fue con dinero propio o heredado ya que el mismo don Arnoldo muchas veces mencionó en sus discursos que él proviene de una familia pobre pero honrada y como tal ponía su frente en alto.
Regresando al tema de que para que haya paz y tranquilidad en Nicaragua debe salir libre el reo Alemán, yo creo que su libertad traería más zozobra al país especialmente si le restituyen todos sus derechos, lo que inevitablemente significaría una nueva candidatura presidencial. Parece que también don Daniel anhela una nueva candidatura, entonces se imaginan ustedes el caos que traería al país este enfrentamiento por la Presidencia entre estos dos ególatras. Si don Arnoldo y don Daniel realmente quisieran el bienestar del país se apartarían ambos totalmente de la política activa y dejarían a otros gobernar.
Si don Arnoldo realmente desea paz y bienestar para Nicaragua debe orientar a sus más fieles y cercanos voceros que en su interior saben los males que ha hecho, y sin necesidad de incriminarse aun más a sí mismo, que lo dejen tranquilo en El Chile, ya que reconoce que estar ahí no es una cárcel desagradable y tiene prerrogativas que muchos ciudadanos nicaragüenses que no están presos desearían tener, tales como comida en abundancia todo el tiempo, finos licores, visitas alegres de sus amigos, casa elegante con extensos y bien cuidados jardines, suficiente terreno para dedicarse a la pequeña agricultura, jueces que le autorizan salidas cuando la solicita, una familia que lo quiere incluyendo a una esposa con visita conyugal permanente y para colmo con guardas que lo cuidan y velan por su seguridad sin tener que pagarles un sólo centavo. No dudo que él estaría tranquilo sin inmiscuirse en política, la cual es una profesión nueva para él de los últimos quince años, ya que los anteriores 25 ó 30 años trabajó en otro ramo.
Por el lado de don Daniel ya es tiempo que le traslade la antorcha a otros. Si en sus discursos dice que él vive sólo para una Nicaragua mejor entonces que cumpla su promesa y se jubile al confort de su mansión y goce de los placeres de nuevo rico y el país definitivamente será mejor. Su ahora arcaico discurso por la mejoría de la vida de los pobres, que por muy poco tiempo sonó que lo decía con sinceridad, se desvirtuó muy pronto al trasladarse a vivir en una mansión que hasta ahora 25 años después todavía habita, además de haber gozado de todos los placeres sensuales y sibaritas que el poder otorga. Por favor, señor Ortega, jubílese y visite de vez en cuando a su amigo de El Chile para platicar del engaño que hicieron al pueblo nicaragüense haciéndole creer que alguna vez fueron enemigos políticos.
El autor es Administrador de Empresas y Consultor de Negocios Internacionales.