Gustavo Hernández García
Es prácticamente una costumbre que en Nicaragua asomen cada cierto tiempo los rostros, pero no los proyectos. La actualidad política está llenándose de figuras que son publicitadas con gran relevancia por los medios de comunicación escritos, hablados y televisados. La contienda está enmarcada otra vez en el mercadeo de líderes que representan distintos colores, tendencias y agrupaciones, sin que los discursos de los personajes expliquen a la ciudadanía cuál es la propuesta concreta para mejorar nuestro país. Otra vez está predominando la prédica emotiva, la arenga política y la movilización social para que la población apoye a ciertas personas.
Quizás esta modalidad de hacer proselitismo se deba a que ni siquiera los propios voceros de los partidos políticos están claros de la situación actual que vive nuestra sociedad, ni del imaginario que pretenden alcanzar en un tiempo determinado y menos de las estrategias que posibiliten el logro de los cambios deseados. O si poseen todo lo anterior no lo plantean, ya que ningún líder muestra interés de ganar adeptos a través de la oferta de proyectos claros y concretos que tengan algún sentido para el mejoramiento del nivel de vida de los nicaragüenses.
Nicaragua es un país con muchas situaciones a mejorar. Entre otras se deben alcanzar niveles de competencia en el mercado internacional, para lo cual es necesario explorar nuevas fuentes de generación de riquezas y superar los niveles técnicos del capital humano, a fin de reducir la pobreza extrema y el hambre. En el aspecto educativo urge erradicar el analfabetismo y trascender los promedios actuales de escolaridad de la población, hasta la enseñanza primaria universal. Con relación a la salud abundan los retos, como la reducción de la mortalidad materna e infantil en niños menores de 5 años y la detención de la propagación del VIH/sida, el paludismo y la tuberculosis, pero nadie plantea en las plazas estos paradigmas al pueblo, ni cómo éste podría participar para contribuir y sentirse orgulloso de ejercer su ciudadanía.
Como van las cosas los rostros volverán a predominar sobre los proyectos. La población irá tomando partido por el deslumbramiento de las campañas y no por la toma de decisiones informada y, de seguro, se llegará a tener el antecedente histórico, si es que no se tiene ya, de favorecer en su momento a Mengano, porque es más elegante que Zutano, o a Perencejo, porque es buen orador y más guapo que Fulano.
El autor es Sociólogo.