- Tanto la pesca como la ventade pescado no fueron buenas
Leslie Ruiz Baldelomar
La playa de Casares es definitivamente el antónimo del balneario La Máquina. La primera es una playa sucia, donde las cabezas de pescado y sus tripas yacen muchas veces sobre la arena, invadiendo el ambiente de olor a sangre. La segunda, una reserva natural conservada y limpia, da gusto visitarla.
Así de extrema es la relación entre estos dos lugares ubicados en el departamento de Carazo, o al menos, así lo fue este fin de semana cuando LA PRENSA hizo un recorrido por la zona.
En Casares, tanto la pesca como la venta de pescado estuvieron malas. Vidal Baltodano salió a pescar ese día a las 5:00 a.m. y cinco horas después únicamente había sacado de las aguas cuatro pargos y cinco macarelas.
“Y sólo en gasolina invertimos 600 pesos (córdobas). Otra vez perdimos”, lamentó Baltodano.
A las 11:00 a.m. aproximadamente, María Teresa Molina, vendedora de pescado, sólo había vendido ocho libras de diferentes especies y a cada una le gana cincuenta centavos o un córdoba, afirma. “Todo está palmado (vacío), no hay gente”, expresó.
En la reserva natural La Máquina se mantuvo la cantidad promedio de visitantes, según su propietario, Felipe Maranhao, aunque en la entrada uno de los trabajadores aseguró que había llegado menos gente que el año pasado.
Las playas conocidas como Huehuete y El Tamarindo también fueron visitadas esta Semana Santa, pero tampoco lucieron abarrotadas de gente como en años anteriores, y quizás por eso esta vez estaban bastante limpias.