Irak: ¿el Vietnam de George W. Bush?

Federico Dueñas

Cuando el líder de La Casa Blanca contravino abiertamente la decisión de las Naciones Unidas e invadió Irak, apoyado principal y nominalmente por los gobiernos de la senil Inglaterra y la España de Aznar; y cuando festivamente Bush anunció que la guerra “oficialmente” había concluido, que el gobierno del camarada Saddam Hussein (por cierto, antiguo amigo y mecenas de Daniel Ortega Saavedra) había caído, después de casi tres meses de espeluznantes acciones bélicas electrónicas donde muchos núcleos civiles fueron “blanco” de la ira guerrerista gringa, televisadas para todo el mundo, el tirano derrotado, escondido, luego denunciado, después literalmente despiojado y enjaulado para su inminente juicio público, tratado como una bestia ponzoñosa, ¡conforme a su justa categoría! Mientras instalaban un gobierno títere de transición hasta convocar a elecciones que conduzcan a una democracia a la medida y agrado de Mr. Bush.

¿Qué sucedió con la famosa y temida Guardia Republicana, el otrora poderoso y temido ejército personal de Hussein? Eran entre sesenta y ochenta mil hombres selectos, disciplinados, bien entrenados, armados hasta los dientes y dispuestos a ofrendar gustosos sus vidas por Mahoma y su amado caudillo, Hussein.

Supongo que muchos de ellos cayeron prisioneros y paulatinamente los fueron dejando en libertad, para después contratarlos como policías u oficiales de seguridad. Otros, abandonaron sus uniformes y se confundieron astuta y camaleónicamente entre la azotada población civil, otros habrán huido a Siria, a Irán o a algún otro país musulmán, algunos estarán escondidos (como “ratas de dos patas”) en las cloacas de las ciudades o encuevados en el inexpugnable desierto. Pero, muchos de ellos, fanáticos fundamentalistas apoyados por Al Qaeda, posiblemente con rangos de oficiales, que no tuvieron, ni tienen a donde ir o huir, que saben muy bien que son objeto de persecución por parte de los yankees e iraquíes vencedores y revanchistas. Oficiales entrenados en las técnicas de terrorismo, con cantidades de bien dotadas “huacas”, diseminadas por todo el país antes de la caída del régimen, conteniendo armas, dinero y explosivos, que los gringos ni idea tienen de dónde están ocultas, al igual que las supuestas armas químicas, que aún no aparecen. Estos soldados, fieles remanentes de la Guardia Republicana, que ahora no tienen nada que perder, más que su propia vida y, si mueren matando a la mayor cantidad de “infieles”, Mahoma los amará aún más y ese mismo día estarán gozando de su cielo. Son los que deben encabezar la mayoría de los atentados suicidas, al menos de aquellos ejecutados con mayor saña y profesionalismo, que diariamente contemplamos con dolor y asco en la TV, donde han muerto y seguirán muriendo despedazados miles de soldados norteamericanos, empleados de ONG, funcionarios diplomáticos, trabajadores extranjeros, periodistas y decenas de miles de ciudadanos iraquíes, en un sangriento conflicto, que puede durar tantos años como duró la vergonzosa guerra de Vietnam. Ya que Hussein tuvo tiempo y oportunidad de acumular miles de millones de dólares, para financiar su propia “madre de todas las guerras”, dinero que en su mayoría se invirtió en todo tipo de armamento bélico, el que ahora sus fieles soldados y súbditos están usando para llevar una eficiente y mortal guerra de guerrillas, la que, con el apoyo de los extremistas de Osama Bin Laden ha llegado hasta el mismo corazón económico de EE.UU., a la “Gran Manzana”, con el incalificable atentado “11/09” que fundió las Torres Gemelas, donde murieron más de tres mil civiles inocentes. ¿Cuántos desquiciados fanáticos musulmanes terroristas, bien entrenados, dispuestos a morir, ya andan sueltos adentro de los mismos EE.UU., solamente esperando órdenes para ejecutar nuevos atentados?

Irak era segundo o tercer productor mundial de crudo de la OPEP. Y el precio mundial del petróleo continuará subiendo hasta donde nos (países dependientes y miserables) sea imposible alcanzar.

El autor es empresario

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