Néstor Avendaño
Es común observar ajustes a las tasas de crecimiento económico en todos los países del mundo, con una discrepancia estadística entre el dato preliminar y el dato corregido que no supera las tres décimas porcentuales, pero en Nicaragua se anunció en esta semana un dato “corregido” del crecimiento económico para 2004 de 5.1 por ciento que superó en nueve décimas porcentuales, casi un punto porcentual, el dato preliminar del crecimiento económico para 2004 de 4.2 por ciento anunciado por el mismo servidor público a inicios de enero recientemente pasado.
Justa o inapropiada la “corrección”, el Banco Central de Nicaragua (BCN) da lugar a serias dudas del manejo de la información macroeconómica del país, y con certeza podemos concluir que los funcionarios a cargo de la dirección técnica de la autoridad monetaria del país adolecen de la requerida experiencia profesional.
El nuevo “ajuste” del crecimiento económico del 2004 realizado por el BCN se dio por la vía de la correlación entre la tasa de crecimiento del Índice Mensual de Actividad Económica (IMAE) y la tasa de crecimiento del Producto Interno Bruto (PIB) Real correspondiente al período 1995-2003. Ese coeficiente de correlación es de 0.824, que al ser multiplicado por la tasa de crecimiento del IMAE de 6.2 promedio anual en diciembre del 2004 respecto a diciembre del 2003 (estimada por el BCN a finales de febrero de este año) da como resultado la tasa de crecimiento de 5.1 por ciento del PIB anunciado recientemente “pomposamente” por el presidente del Banco Central.
Esto es un pobre intento para aproximarse a la realidad. Aun más, a nivel sectorial el ajuste recayó en el comercio, que ahora crece 5.9 por ciento y contribuye con el 17.4 por ciento en la formación del PIB; en cambio, la construcción y la minería en conjunto crecen 12.6 por ciento pero apenas participan con el 0.6 por ciento en el total del PIB. Cabe agregar que no existe una información fluida y muy frecuente del valor agregado comercial, como se observa en el flujo de bienes agropecuarios y manufactureros.
Los más altos cargos técnicos del BCN han puesto en entredicho la credibilidad del discurso económico oficial del país. Esto ocurre porque los funcionarios que ocupan dichos cargos son jóvenes, tanto en su edad biológica como en su formación profesional, que han saltado del pupitre universitario al manejo de importantes áreas técnicas del BCN sin transitar adecuadamente por un correcto proceso de acumulación de experiencia en el funcionamiento de la banca central.
Creo que las dos últimas administraciones del BCN se han equivocado al seleccionar y mantener al actual personal que ocupa esos altos cargos de dirección técnica, sabiendo que entre sus filas existen profesionales con una respetable trayectoria académica y profesional forjada en el mismo banco. También creo que el actual servidor público al frente del BCN debe rectificar su última declaración sobre el crecimiento económico de Nicaragua en 2004.
El autor es economista.