Ésta es la hora del pueblo

José Floripe Fajardo

Refiriéndose a ciertos sistemas de gobiernos sus pueblos desesperadamente se preguntan: ¿Hasta cuándo tendremos que aguantar este generalizado debacle estatal y de supuestos grupos opositores? A esta pregunta hay que responder, con mucho de cierto, que los pueblos tienen el gobierno que se merecen.

Los pueblos, respondiendo a rebeldía natural, han dado al traste con viejos sistemas de gobiernos amorales, férreos y sangrientos. El deshacerse de tiranías de esta naturaleza, no es nada más que acuerdo de voluntades sanas y progresistas en pro del exterminio de los poderes tumefactos que los someten.

En párrafo casi textual de la obra El libro negro de América, del escritor canadiense Peter Scowen, dice: “¿Cómo puede haber paz y prosperidad cuando borrachos, traficantes de droga, dictadores corruptos, ladrones, aberrados sexuales, timadores, opresores, codiciosos, asesinos, adúlteros, lesbianas y homosexuales están dirigiendo el país. Dentro de este oscuro panorama, jamás se puede esperar, para un pueblo, progreso humanista positivo”.

La exposición de Scowen es clara, contundente y cierta. Existen gobiernos de pueblos con estas características, y pensar que estas mafias súper organizadas van a cambiar sus productivos derroteros para favorecer masas extorsionadas y empobrecidas, es sueño de ilusos y esperanza de ignorantes.

Estos sistemas de opresión y expoliaciones establecidas hay que terminarlos de raíz, no se debe esperar nada de ellos, se debe desear y luchar por su desaparición total y completa; esto es posible con la voluntad unida de las víctimas que cansadas de esquilmación se manifiestan decididas contra la criminalidad de sus opresores.

Los movimientos libertadores no tienen fecha ni hora, carecen de calendario y planteamiento, se dan irremisiblemente. Los pueblos, a la larga, se dan cuenta que la situación oprobiosa de sus vidas es culpa de ellos mismos y que el aguante es actitud que contiene tanta degeneración como la actitud bestial del flagelador; de este entendimiento, natural y realista, surgen guías de pueblos que impelen poblaciones en forma inimaginable e indetenible hasta obtener el triunfo de su justa causa.

Esta indeseable situación es común en países del tercer mundo, también se da, más refinada, en países desarrollados, pero siempre terminan cuando los pueblos se agotan de la explotación y del crimen impune con que se imponen estos sistemas oprobiosos. No son eternos.

El autor es escritor esteliano

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