Pablo Antonio Cuadra Bendaña*
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Las dos naciones y los partidos
Pablo Antonio Cuadra Bendaña*
Cuando hablamos de Nación pensamos en territorio, raza, lengua, religión, historia y en general en cultura, pero todo esto es pasado y lo que verdaderamente nos fusiona como Nación es un proyecto de vida en común. En Nicaragua los partidos no se consideran partidos, sino enteros, negándole realidad al otro que es su enemigo y que sólo tiene sentido convertido o eliminado.
Nos hemos venido arrastrando entre la dictadura y la anarquía, entre la guerra y la demagogia, somos en realidad dos naciones enemigas compartiendo un territorio y en esas circunstancias la política se convierte en una fuerza destructiva preocupada por su esencia misma en salvar el poder, aunque para ello destruya todo lo demás.
Nos distinguimos por ser vivos, no inteligentes, porque la inteligencia consiste sobre todo en abrirse a la realidad, dejar que penetre en la mente y sea aceptada, reconocida y poseída, mientras que la viveza no pretende comprender la realidad sino manipularla.
No nos interesa ser mejores, nos contentamos con aparentarlo, cuando vemos a los diputados discutiendo en la Asamblea podemos notar que lo que dicen no es lo que sienten, siempre usan máscara, se empeñan en ser lo que no son y mientras más y mejor mientan mejores políticos son, porque a quienes están engañando es al enemigo y cuando hacemos algo para que el enemigo no llegue al poder, ese algo aunque sea malo se convierte en heroico.
Pero lo que he expuesto hasta cierto punto es normal, lo anormal es que la gran mayoría que flota sin partido es incapaz de reaccionar, en el fondo está manejada por el miedo, como máximo reconoce que uno de los dos contendientes es peor y se contenta con quedarse con el menos malo. Lo anterior expresa que aunque la discordia es sumamente parcial, pues está ubicada exclusivamente en los dos partidos, el resto que representa la mayoría, en lugar de descartar a los grupos discordes, se ha dejado arrastrar y desgarrar por ellos en su suicida y criminal empresa.
Discordia es no querer convivir con los demás y es uno de los males más graves y difíciles de curar que puede sobrevenir a una colectividad.
Cuando saludamos a alguien le damos la mano sin saber por qué. Las costumbres son anacrónicas, en su momento inicial tuvieron un sentido que se ha perdido con el tiempo. Cuando dos hombres se encuentran surge de inmediato la desconfianza entre ellos, pues ninguno está seguro en la forma que reaccionará el otro. Así cuando dos cavernarios se encontraban, surgía la desconfianza y para obtener algún grado de seguridad se daban la mano derecha que es su arma, cada cual, como garantía, sostenía el arma del otro y eso les proporcionaba tranquilidad, pues bien, en el momento que vivimos el FSLN y el PLC se han dado la mano derecha en lo que se conoce como pacto, en realidad ellos lo que están logrando es mantener un equilibrio de poder, la seguridad que ninguno le pueda hacer daño al otro, el problema es que Nicaragua se paraliza, pues las manos que se han dado son las instituciones y con las instituciones paralizadas, no puede haber nación. Los partidos son como dos bueyes que se han puesto en la carreta de Nicaragua en direcciones contrarias.
Ninguno de los partidos por sí solo es capaz de eliminar al otro, ni de hacerse daño, pero entre los dos son capaces de aniquilar todo lo que sientan como amenaza y eso es lo que le está pasando al presidente Bolaños, a Montealegre, a Lewites y a todos los que vivimos pasivamente en este país.
Los políticos no son los culpables, los culpables somos los nicaragüenses que permitimos que eso suceda, que continuamos apoyando a uno u otro de los partidos tradicionales y descalificamos cualquier otra alternativa a como acaba de ocurrir en las elecciones municipales.
* El autor es empresario