El cercano aliento de Pekín

Alberto L. Alemán Aguirre El gigante rojo le está pisando los talones a Taiwan y, lentamente, le ha ido arrebatando aliados. Si aún hace dos años eran 29 las naciones que reconocían a Taipei, hoy ese número se ha reducido a 25. Las últimas conquistas de Pekín han sido Vanuatú y Granada. Centroamérica no escapa […]

Alberto L. Alemán Aguirre

El gigante rojo le está pisando los talones a Taiwan y, lentamente, le ha ido arrebatando aliados.

Si aún hace dos años eran 29 las naciones que reconocían a Taipei, hoy ese número se ha reducido a 25. Las últimas conquistas de Pekín han sido Vanuatú y Granada.

Centroamérica no escapa a los implacables designios de Pekín, que quiere algún día poner fin a la existencia de lo que llama una “provincia rebelde”.

Hace tres semanas, un representante del Gobierno de la República Popular China visitó Honduras, Guatemala y El Salvador. Ofreció grandes inversiones y cooperación económica generosa. A cambio, pidió la ruptura de relaciones con Taipei.

Esta semana, Pekín tomó un paso que agrega tensión a las relaciones entre las dos Chinas. Aprobó una Ley Antisecesión que le confiere usar la fuerza para impedir una formal declaración taiwanesa de independencia. De hecho, la isla es un Estado con vida propia.

En Nicaragua escuchamos una propuesta de construir el soñado canal interoceánico. En Panamá, algunas empresas chinas son importantes en las operaciones del Canal.

Cabe esperar que Pekín vendrá con mayores tentaciones a la empobrecida Centroamérica, la cual, a cambio de los millones de la diplomacia del dólar, llama a reconocer a Taipei como un nuevo Estado en la ONU.

La ayuda mencionada tiene también aspectos negativos. Aparentemente, el generoso flujo de dólares taiwaneses ha alentado la corrupción de los políticos en la región.

La nueva ofensiva china ha inquietado a Taiwan. Tres semanas después de la venida de Wang Zhen, vicepresidente del Instituto del Pueblo, la vicepresidenta taiwanesa Annette Lu, acompañada por un numeroso grupo de burócratas e inversionistas, hizo una visita de Estado de cuatro días a El Salvador.

Seguramente están alerta por las afirmaciones del presidente Tony Saca, de que los empresarios salvadoreños tienen las puertas abiertas a comerciar con China y por una actitud cada vez más favorable a esos contactos.

Hasta hoy, como en Nicaragua, los proyectos de cooperación se concentran en áreas típicas de la tradicional ayuda al desarrollo (salud, educación, reconstrucción, servicios básicos). Desde 2000 a la fecha, la cooperación taiwanesa con El Salvador llega a unos US$39 millones, según datos oficiales.

Para neutralizar los halagos pequineses, Taiwan promete un gran proyecto de inversión de alta tecnología: el Parque Agro-industrial Taiwan, previsto a estar listo en 2008.

Contará con 200 hectáreas, creará miles de puestos de trabajo y, lo que es mejor: promete entrenar mano de obra salvadoreña y trasferencias de alta tecnología industrial.

Suena bien, pero hasta ahora es solamente un proyecto.

China es el mercado emergente más grande y dinámico y se espera que en unas décadas, se convierta en una superpotencia, en la economía más grande del mundo.

Los empresarios de Centroamérica no deben desaprovechar las oportunidades de entrar al mercado chino, ni sus gobiernos la posibilidad de atraer más de sus inversiones.

En el corto plazo está bien mantener relaciones con Taiwan y obtener beneficios de esa cooperación, a cambio de nuestros votos.

Sin embargo, ¿cuál será el desenlace de la batalla entre Taipei y Pekín? No sabemos, pero a largo plazo, se ve muy difícil una clara victoria taiwanesa. En privado, algunos de sus diplomáticos lo reconocen.

En unas décadas, el gran dragón rojo reclamará su debido lugar en el mundo y no será extraño que recuerde a los viejos amigos de la “provincia rebelde” con rencor.

En los años 80, ya probamos en carne propia la furia funesta de una superpotencia. ¿Desafiaremos a otra? No tengo la respuesta a esta pregunta, pero sí es éste un tema que desde ya, requiere mucha reflexión con visión de largo plazo.

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