Carlos A. Lucas A.i[i]*
Roman, Times, serif»>Opinión económica
Urge el fomento al desarrollo para globalizarnos
Carlos A. Lucas A.i[i]*
Con todo y la prueba Pareto (el 20 por ciento de los clientes con el 80 por ciento de la cartera) aplicada a la cartera del extinto Banco Nacional de Desarrollo, es indudable que esta entidad financiera y promotora, jugó un papel significativo, con el financiamiento y el apoyo técnico, en la productividad económica de Nicaragua, tanto antes de 1979, como durante el régimen sandinista y hasta su cierre definitivo. Un efecto adicional jugaron en su momento (con todo y esta misma «maldición» de Pareto, que enriqueció a unos cuantos), entidades como el Banic, que vivió una fase privada, otra estatal y luego, murió en el intento.
Hoy en día, Nicaragua se acicala como quinceañera entusiasta para el gran baile de la globalización, pero carece de una banca nacional de desarrollo y fomento: no aparecen las preciosas zapatillas con las cuales hacer su entrada triunfal. Y quiere danzar al ritmo de bailarines estrellas, como Estados Unidos, que «fomenta» y «desarrolla» a sus productores con más de US$19,100 millones de dólares en subsidios solamente a su sector agrícola.
En cambio, Nicaragua quiere globalizarse con una banca nacional que ha hecho de las tarjetas de crédito y resto de crédito de consumo, su esencial razón de ser.
Después de la nacionalización de la banca en los años 90, y también descontando siete bancos quebrados (Banic, BECA, Banco del Campo, Banco
Popular, Bamer, Banco del Café, Interbank) y una fusión (Pribanco-Banpro) nuestra banca opera con un perfil eminentemente consumista y no productivo, se enfoca al sector terciario y menos a los sectores primarios y secundarios, se especializa en operaciones especulativas y de efecto rápido y menos a inversiones de mediano y largo plazo, basa sus criterios de asignación de recursos en la rendición de garantías y menos en la importancia y rentabilidad de las inversiones, etc. No es una banca de la que se pueda beneficiar el desarrollo.
Y sencillamente no basta que la ausencia de una banca de desarrollo y fomento sea suplida por una masa de trabajadores nicaragüenses que han tenido que sacrificarse viajando al extranjero, para desde allá estar supliendo necesidades de sus núcleos familiares. Ni que incluso se dé la paradoja que misiones internacionales como la Misión China Taiwan, al margen de las instituciones de gobierno, reciban solicitudes de financiamiento, las decidan, entreguen directamente el financiamiento, se hagan cargo de cobrar y recuperar estos préstamos, como lo hace cualquier banco. Ni tampoco basta que el desorden organizacional y la falta de esta visión de desarrollo de largo plazo del gobierno mantenga una serie de fondos, instituciones y programas de crédito con diferentes políticas y enfoques. Ni que exista un fragmentario mundo microfinanciero que termina cobrando tasas más altas de interés por préstamos y recuperando las microgarantías de sus microfinanciamientos, como remate final para estos segmentos en disolución.
Todo esto no suple y más bien, remarca la ausencia de una política nacional de Fomento y Desarrollo, de una banca de fomento que tome en cuenta que el 95 por ciento del empleo de este país lo generan las pequeñas empresas, que definitivamente no van a ser objetos de Joint Venture o coinversión con grandes capitales extranjeros en la globalización y que sentadas enfrente, con sus solicitudes de pequeños proyectos, hacen fruncir el entrecejo a los gerentes de crédito de nuestra «dinámica» banca nacional. ¿Entonces?
Al menos las experiencias y recursos del Fondo de Crédito Rural, del IDR, del FNI, del Programa Libra x Libra y decenas de fondos y proyectos gubernamentales que de una u otra manera trabajan con financiamiento para estos sectores pequeños y medianos y en especial, del área rural, podrían converger y sentar las bases inmediatas para una banca de fomento, que bien puede incluso tener carácter mixto, incorporando a los sectores privados formales y en proceso de formalización, como las microfinancieras.
Mientras los políticos y religiosos profesionales se divierten en esa especie de juego de prendas llamado Diálogo Nacional, nosotros los de a pie podríamos autoconvocarnos con esos proyectos y fondos gubernamentales para sentar las bases de un esfuerzo mixto que posibilite el nacimiento de esa banca de Fomento y Desarrollo, de ese Banco de Desarrollo Rural que asegure un financiamiento flexible, efectivo, viable, que estimule la capacitación y la asistencia técnica y asegure una comercialización exitosa de los productos y servicios de sus usuarios.
Esas «zapatillas» pueden hacer que Nicaragua no entre cayendo de bruces en la animosa danza mundial competitiva.
* El autor es profesor universitario.