China comunista amenaza a la democrática Taiwan

Emilio Álvarez Montalván*

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China comunista amenaza a la democrática Taiwan


Emilio Álvarez Montalván*




Apenas iniciado el Congreso del Partido Comunista de China, en Beijing, volvió el “terror rojo” a cebarse sobre la integridad de su vecina Taiwan, demostrando que el expansionismo comunista no se detiene. Esta vez la tensión la provoca un proyecto de ley que llaman “antisecesión”, cuyo fin es terminar con la soberanía de Taiwan. Para ello alegan que la isla, que catalogan arbitrariamente como provincia rebelde, pretende independizarse. En realidad la República de China en Taiwan existe desde 1949 como un Estado soberano e independiente, estableciendo una sociedad distinta, en ideología y sistema político y económico diferente del que implantó Mao Zedong al otro lado del Estrecho. Sin embargo los avatares de la guerra fría despojaron a Taiwan de su membresía de Naciones Unidas y de su puesto de miembro permanente del Consejo de Seguridad.

No obstante la China continental comunista ha insistido desde 1950 en someter por la fuerza a Taiwan. El acoso llegó al extremo de bombardearla con una batería de 700 misiles con cabeza nuclear contra los pacíficos 21 millones de habitantes de la antigua Formosa, una inclemente violación de los derechos humanos. El peor momento de ese asedio fue en 1958, cuando lanzaron desde el continente 60 explosivos diarios durante una semana, si no ha sido por la intervención de la armada norteamericana que se colocó en el estrecho que separa a la isla del continente obligando a los agresivos comunistas chinos a suspender la operación bélica hubieran desencadenado una conflagración sangrienta de grandes proporciones.

Al respecto debe recordarse que la tecnología taiwanesa en material de guerra es de punta. Su capacidad de respuesta incluye la destrucción de misiles apenas despegan del territorio enemigo y bien pudieron contestar con creces los taiwaneses aquella agresión.

En todo caso si aprobasen la ley antisecesión unilateralmente, romperían el status quo existente en esa parte del mundo, pudiendo desencadenar una grave inestabilidad en el área que se ha podido evitar desde las conversaciones consensuadas de 1992 en Singapur. Por lo demás esa ley pretende atizar el fuego en tres campos: legal, propaganda y psicológica. En efecto, China comunista pretende usar la ley como una ficha de negociación con las naciones vecinas preocupadas por la tensa situación en el Estrecho de Taiwan. La intención solapada de los comunistas es usar la ley como una justificación de su slogan “un sólo país”. Por otra parte, la existencia del Estado de Taiwan ha sido significativa en la ayuda al tercer mundo como lo atestigua las estadísticas de la misma Naciones Unidas.

A estas alturas del siglo XXI es absurdo solucionar conflictos con el uso de la fuerza en este mundo lleno de tensiones. Cuando parece que la presencia abusiva de militares sirios en el Líbano está en vísperas de terminar y las confrontaciones en el Medio Orienta entre judíos y palestinos ha entrado en la etapa de negociación, este plan de China comunista constituye una provocación que debe denunciarse como una peligrosa maniobra contra la paz mundial. Por otra parte, para los habitantes de Taiwan pudieran a su vez despertarse posiciones igualmente radicales. No obstante han habido esfuerzos por bajar el clima de confrontación. Me refiero a las celebraciones del año nuevo lunar, que condujo al intercambio de viajeros desde ambos lados del estrecho e incluso hubo vuelos de aviones contratados especialmente para trasladar familias de China continental para visitar parientes en Taiwan. A su vez el intercambio comercial de las dos Chinas sigue aumentando e incluso fuertes inversiones de empresarios taiwaneses en las zonas libres escogidas por Beijing siguen aumentando.

Un detalle más de colaboración fraterna de Taiwan hacia sus hermanos del continente se dio recientemente al colaborar con las instalaciones médicas avanzadas de Taiwan en las investigación y tratamiento de la peste neumónica que hace varios meses asoló China continental. Fue un gesto de solidaridad ejemplar que motivó el reconocimiento de la misma Naciones Unidas y de muchas naciones que respaldaron la membresía de Taiwan a la Organización Mundial de Salud, como se observó recientemente en Ginebra.

* El autor es analista político

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