Roman, Times, serif»>Editorial
Plan contra el terrorismo
El Secretario General de la Organización de Naciones Unidas (ONU), Kofi Annan, propuso un plan de cinco puntos para la lucha contra el terrorismo, al clausurar una conferencia mundial sobre ese tema que se celebró esta semana en Madrid, España, con motivo de cumplirse el primer aniversario de los terribles atentados terroristas contra trenes de cercanía de la capital española, que dejaron un saldo de casi doscientos muertos y alrededor de dos mil heridos.
Los cinco puntos de Annan contra el terrorismo son: 1) “Disuadir a los grupos descontentos” de elegir el terrorismo como táctica para alcanzar sus objetivos. 2) Privar a los terroristas del acceso a los medios para ejecutar sus atentados, incluyendo la posibilidad de viajar, recibir apoyo financiero o adquirir material nuclear o radiológico. 3) Hacer desistir a los Estados de prestar apoyo a terroristas, advirtiéndoles que si siguen apoyándolos “el mundo caerá sobre ellos de manera firme”. 4) Desarrollar la capacidad de los Estados para prevenir el terrorismo. 5) Defender los derechos humanos y el imperio de la ley en la lucha contra el terrorismo.
Al menos en su primer punto, la propuesta del Secretario General de la ONU de lucha contra el terrorismo pareciera pecar de ingenuidad. Annan parte de la premisa de que el terrorismo deviene de la falta de comprensión, por parte de los terroristas, de que hacen mal a la gente —e inclusive a ellos mismos— practicando el terror y la matanza de civiles como forma de lucha política. “Ellos (los terroristas) eligen esta táctica porque piensan que es efectiva y que les reportará apoyo de las poblaciones. Esas ideas preconcebidas son la verdadera ‘causa profunda’ del terrorismo”, expresó Kofi Annan en su discurso ante la conferencia de Madrid, texto que fue publicado al día siguiente en algunos periódicos como artículo de opinión.
Sin duda que la premisa de Annan es falsa. Los terroristas no son personas ingenuas sino fanáticos que saben perfectamente lo que hacen, y que deliberadamente recurren al terrorismo para causar el mayor daño humano y material que les sea posible, sin escrúpulos de ninguna clase.
Pero no sólo el Secretario General de la ONU tiene una visión errónea de las motivaciones del terrorismo, que se ensaña particularmente contra personas indefensas y ajenas a las causas y banderas que enarbolan los terroristas. En la misma conferencia antiterrorista de Madrid, Madeleine Albright, quien fuera Secretaria de Estado de Estados Unidos durante la administración del Presidente demócrata Bill Clinton, criticó la dureza en el combate contra los terroristas porque según ella genera más terrorismo.
La señora Albright está equivocada o las agencias internacionales de prensa no reprodujeron correctamente su punto de vista. Es cierto que el combate contra el terrorismo se debe librar en el marco de la ley y el respeto a los derechos humanos, pero al mismo tiempo se debe practicar de manera enérgica e implacable. Lo uno no excluye a lo otro.
De todas maneras, la propuesta de Kofi Annan representa sin duda un avance importante en la lucha global de la humanidad contra el terrorismo. Peor sería que la ONU se mantuviera indiferente —que en este caso significaría complicidad— ante la más grave agresión y amenaza que ha habido jamás contra la libertad, la democracia y las mismas bases de la civilización, como es el terrorismo.
Por otro lado, la lucha contra el terrorismo compete de manera directa a Nicaragua, tanto por los antecedentes del país que fue refugio de connotados terroristas internacionales durante la época del régimen sandinista, como porque la dotación de misiles rusos Sam en poder de las fuerzas armadas nicaragüenses es considerada como una amenaza a la seguridad internacional.
Ciertamente, las autoridades de Estados Unidos consideran e insisten en que los misiles Sam representan un grave peligro potencial porque pueden caer en manos terroristas y ser usados para perpetrar ataques contra la aviación civil. Según expertos en asuntos militares, los misiles rusos son inútiles contra aeronaves de combate y por lo tanto no sirven como medios defensivos, aparte de que no hay ninguna posibilidad de guerra entre Nicaragua y sus vecinos. En cambio, en manos terroristas dichos misiles son muy efectivos para destruir las lentas aeronaves comerciales.
¿A qué se debe, entonces, la intransigente oposición del FSLN —apoyado por el PLC— a la destrucción total de esos artefactos infernales?