Leonel Arana
El editorial de LA PRENSA (del sábado 5 de marzo: El gran salto chino y América Latina) y el comentario de Andrés Oppenheimer que se cita, aunque no despistados pecan un poco de simplistas.
Es verdad que el crecimiento económico de China no se hubiera dado sin las reformas económicas que se hicieron allí hace 20 y tantos años, y también es verdad que con el populismo caudillista al estilo Chávez y Ortega no se progresa y más bien se va hacia atrás, pero hay otro factor sin el cual el crecimiento económico no se puede dar, reformas económicas o no, y es la mejoría de la educación en todos los niveles.
Recientemente leí un artículo de un investigador social francés dedicado a estudiar a Latinoamérica en el que decía que de todas las universidades de América Latina la única que tenía nivel internacional es la de Sao Paulo, que es además la única en la que se lleva a cabo investigación científica en serio en todo el sub continente, puesto que tanto la de Buenos Aires como las de Lima y las mejicanas, para mencionar algunas que en otro momento fueron buenas, andaban por los suelos debido principalmente a la fuga de cerebros causada por los bajos sueldos pagados al profesorado y al poco interés que los gobiernos y la llamada sociedad civil, ponen en el desarrollo de las ciencias. Compárese eso con unas 200 universidades de alto nivel que hay en Europa, Japón y la Norteamérica sajona, y la gran mejoría de las universidades en China, cuya meta es tener 50 universidades de nivel mundial en 10 años.
En la Universidad de Cornell, en Nueva York, está a la vista de todos un letrero en el que su fundador Ezra Cornell explica que él fundó esa universidad inspirado en la Universidad de San Marcos en Lima, para que Estados Unidos tuviera algo comparable a lo que tenía Perú. Hoy Cornell es una de las universidades más prestigiosas del planeta, cuna de una veintena de premios Nobel, mientras la de San Marcos de Lima, que había caído bajo el control de “Sendero Luminoso”… pero mejor no sigo no vaya a ser que algún amigo peruano se ofenda por lo que iba a decir.