Cariño, gratitud, respeto y consideración

Hugo Ramón García

La mujer, desde el esquema de su crea- ción, está dotada de un género extraordinariamente especial. Un género que le dispensa múltiples merecimientos volviéndola atractiva para quien venera su delicada belleza semejante a la aurora cuando nos muestra su incomparable encanto.

En cada mujer hay una mirada que guarda ternura, una sonrisa que llena de alegría, un corazón que palpita de amor y un alma dispuesta a perdonar. Ella tiene por principio una tendencia a la amistad, siendo receptiva suele cultivar sus inquietudes en el vasto mundo de sus relaciones a las cuales dedica tiempo completo.

Una mujer se siente motivada cuando la sabemos valorar, cuando descubrimos en ella el tesoro de sus virtudes. Tiene por norma común la inteligencia; y con el sexto sentido que la distingue se vuelve conocedora de cuantas pasiones descubre. La mujer como dueña del don creativo sabe ganarse los afectos, los cuales mantiene a disposición como patrimonio espiritual de sus mejores conquistas.

La mujer se siente admirada y distinguida cuando se le trata con dignidad, cuando se le alude de una forma cariñosa y amable, de esa manera se siente estimulada y se sitúa en un lugar prominente donde ella como una diosa inspira confianza; una confianza que se da en dependencia del trato caballeroso que el hombre le ofrezca como una obligación de su parte.

Ninguna mujer es apática en su manera de comunicarse con los demás. Ella espera por lógica un trato adecuado que sepa responder a sus derechos de persona, para que como una recompensa el hombre reciba lo que ha cultivado, es decir que en nuestro medio social debemos obrar con inteligente cordura para que podamos ser ganadores de las mejores voluntades y aciertos.

A una mujer es sencillo comprenderla: amándola. Es el método que el hombre tiene que usar para que ella como amiga, o como pretendida, se sienta motivada en sus lógicas aspiraciones que son consecuencia real de lo que atesora en el fuero interno de su personalidad a veces compleja y discutida desde los ángulos de vista que cada uno se forma. Todas sin excepción poseen un valor, encierran una cualidad y se hacen respetar en su carácter humano cuando dejan sentir la calidad moral de sus íntimas creencias que le son compatibles por su género.

En el hogar, en el centro de trabajo, en las labores domésticas y en las relaciones humanas, la mujer desarrolla una función muy importante que la hace indispensable. No subestimemos lo que la mujer ofrece por sus modestas capacidades, brindémosles gratitud por los esfuerzos que suele demostrar al confiársele una determinada responsabilidad.

En una mujer miremos siempre todo sinónimo de belleza, pues ella es una fuente de inspiración que nos motiva permanentemente. Recordemos que de sus entrañas venimos. Aquél que siembra afectos en el corazón de una mujer se vuelve dueño de sus ternuras, y ella sintiéndose poseída de sus singulares atractivos adorna como lirio de la ribera al medio en que desenvuelve, y por eso Amado Nervo, con profundo sentimiento le dice: “Eres llena de gracia como el Ave María, quien te vio no pudo ya jamás olvidarte”.

El autor es periodista de Somoto

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