- Salir a pasear los domingos, caminar por las tardes o hacer ejercicios matutinos en un parque, es común en casi cualquier ciudad del mundo. Una de las excepciones es Managua, donde la diversión colectiva que brindan estos espacios públicos no existe, porque no hay condiciones o por ser guarida de transgresores sociales
Wilder Pérez R.
Son casi las 2:00 p.m., una muchacha de huesos resaltados, vestida de falda chinga y blusa a rayas horizontales, deambula en un predio baldío. Al parecer no se ha bañado en días, su pelo amarillento se ve tieso, seco.
Repentinamente, un joven del mismo aspecto, con un frasco de Gerber en su mano derecha, la ataca por detrás. Ella, sorprendida, intenta escapar, pero lo reconoce a tiempo y aunque se deja besar, evita sus caricias, lo empuja y él, sonriente, se cruza la calle a dejar pasar el tiempo sobre una banca de concreto junto a sus amigos, todos transgresores.
Nadie que haya recibido su pago de la quincena pasaría a pie por el lugar. La escena ocurre a cien metros al este del Ministerio de Hacienda y Crédito Público, donde antes fue una esquina del parque Luis Alfonso Velásquez Flores, el último al que los managuas acudieron para divertirse en familia los fines de semana.
Eso fue hace 20 años. Hoy, la ciudad no tiene un parque donde se reúnan familias de todas las clases sociales, donde la gente o sus hijos hagan amistades, donde las señoras conversen amenamente y los abuelos discutan sobre política o deportes mientras dan a lustrar sus zapatos.
Costumbre perdida
“Es una tradición sana que desapareció después del terremoto, los parques dejaron de ser los puntos de encuentro de la población local de Managua”, asegura Mario Barahona, director de Planificación Estratégica de la Alcaldía de Managua.
Según Barahona, la costumbre de ir a los parques se perdió en Managua por el efecto “destructivo y desintegrador” del terremoto del 23 de diciembre de 1972, ya que estos lugares fueron tomados, poco a poco, por vagos, alcohólicos y delincuentes.
Antes del terremoto que marcó un hito en la historia de la capital, parques como el San Sebastián, Santo Domingo, Central, Rubén Darío, Fray Bartolomé de las Casas y Las Piedrecitas, eran verdaderos puntos de reunión de los managuas.
“Eran centros de convergencia, donde habían conversatorios o ágora”, recuerda Barahona. “Ir a Las Piedrecitas era como ir fuera de la ciudad, se contemplaba el paisaje de la laguna de Asososca, la península de Chiltepe, el lago de Managua, a los escolares se les llevaba para aprender de la geografía del municipio, era el sueño más grande de cualquier niño, además había un rincón para los enamorados”, añade.
B> LOS PARQUES DE HOY
Hoy en día, Las Piedrecitas sigue siendo uno de los parques más visitados, y los enamorados ya no se esconden en el entonces famoso “rincón de los monos”, sino que se ven bajo cualquier sombra. Visitarlo parece seguro, pero no es extraño ver que la Policía entra en sus patrullas dándole persecución a una de tantas pandillas de delincuentes que se mantienen en el sitio buscando qué “cazar”.
Los colegios ya no realizan giras a Las Piedrecitas para mostrar la geografía de Managua. Los únicos estudiantes que se observan son los que se escapan de clases para disfrutar sus noviazgos.
Pero al menos este parque es concurrido, el Luis Alfonso perdió sus visitantes conforme desaparecieron sus juegos.
Ese parque, de más de diez manzanas de extensión, con áreas verdes, juegos para niños, canchas deportivas, senderos para caminar, biblioteca, comiderías y hasta reptiles en exposición, llegó a ser un emblema en los años ochenta.
“Lamentablemente en toda obra pública se da un sesgo ideológico, como era una obra sandinista, el Gobierno lo dejó perder, cayó en dominio de vagos”, dice Barahona.
El alcalde entonces era el reo y ex presidente Arnoldo Alemán. Sus sucesores, aún cuando hubieran querido, difícilmente pudieron rescatarlo.
El intento más conocido fue el del ex alcalde Herty Lewites, que a través de un convenio con Unión Fenosa, instaló 40 bombillos para iluminarlo, pero casi de inmediato desaparecieron a manos de los delincuentes. Sólo unas cuantas de las siete canchas de basquetbol funcionan de noche.
Hay otros parques que corren con mejor suerte, como el de Plaza España, llamado Parque de las Madres.
El año pasado experimentó un rediseño, no obstante, a pesar de que quedó como nuevo, no fue algo para enorgullecerse. Su parte frontal quedó adornada por algo que el entonces delegado distrital, Carlos Herrera, llamó anfiteatro, que por su escaso sentido arquitectónico parece una trinchera de varios metros de grosor que obstruye la vista desde la carretera. Aparte, una cantina en su costado sur contrasta con la imagen de la madre cargando a su hijo en el centro del parque.
Otro parque famoso es el del barrio Altagracia, ubicado a pocas cuadras de la sede de la Alcaldía de Managua. Pero su fama no obedece a su belleza, sino a las jugaderas de futbol sala que se dan los fines de semana. Cientos de jóvenes juegan en una cancha de basquetbol, rodeada de unas cuantas bancas desvencijadas entre el polvo.
Lewites intentó dar vida a ciertos parques, pero en una buena medida se trató de trabajos de pintura, andenes y algunos columpios, sobre todo para áreas pequeñas, como la de diez por cinco metros del barrio Costa Rica, donde sólo se permitía la entrada a niños, pero últimamente se está deteriorando.
Lo mismo ocurre con casi todos los parques a los que la Alcaldía pudo dar algún tipo de atención.
“MANTENIMIENTO MEDIO”
Roberto Bermúdez, delegado del Distrito Seis de Managua, resume el estado de los parques en cuatro palabras: “hay mantenimiento medio”.
Según Bermúdez, el problema es principalmente de tipo económico, porque la dirección de Ornato no tiene suficientes recursos para hacer un trabajo efectivo; también social, primero debido a los antisociales que roban o destruyen las mejoras, segundo porque la misma gente no tiene conciencia de la importancia de tener un parque en buenas condiciones.
“Por eso se está viendo la posibilidad de descentralizar la parte de ornato, porque se cree que podemos hacer un mejor trabajo desde los distritos, actualmente el mejor parque que tenemos en el Distrito Seis es el que está más cerca de nuestras oficinas”, comenta Bermúdez.
VANDALISMO
Al igual que Barahona, el delegado del Distrito Seis considera que el vandalismo es, en definitiva, el mayor peligro que enfrentan los parques.
“Lo que pasa es que se necesitan vigilantes, hoy ponés una luminaria y se te la llevan, ponés una cancha y la destruyen, empezás a reponer y ellos a quitar, es un círculo vicioso, debes tener a alguien cuidando y no hay presupuesto para eso”, asegura Barahona.
Gerald Pentzke Chamorro, Director de Urbanismo de la Alcaldía de Managua, apela a una experiencia comunal para darle la razón a sus colegas sobre la conciencia ciudadana de la importancia de los parques.
“Recuerdo que en el parque de El Dorado, hace muchos años, después de un tiempo se iban a construir unas casas en una de las esquinas, éstas aparecían en el diseño original de la colonia, pero la gente se opuso fuertemente a que las construyeran, porque consideraban que se les estaba quitando un espacio, quizá si hubiera la misma preocupación en todos los barrios los parques no estarían tan abandonados”, relata Pentzke.
INICIATIVA PERSONAL
En eso está de acuerdo Carlos Ernesto Romero, un hombre de 72 años, que hace 25 años decidió construir un parque por su propia cuenta.
El hombre vio que los niños que habitaban cerca de los escombros de la Managua “terremoteada” no tenían dónde divertirse, entonces empezó a poner bancas, construir resbaladeros, caballos de resortes, columpios, y todo cuanto tiene un parque. Todavía este año edificó un resbaladero triple, pero últimamente en vez de satisfecho está desilusionado.
“Todo me lo destruyen los vagos, yo construyo y ellos me roban, ya por último hasta unos árboles de laurel me quemaron, he pedido ayuda a la Policía, a la Alcaldía, pero no hacen nada, la gente no valora ni porque es para sus hijos”, aduce.
El parque prácticamente es el único espacio de recreación para la gente pobre de los escombros. Sin embargo, ahí se encuentran alcohólicos que descansan a sus anchas en cualquiera de los juegos construidos por Romero.
ASPECTOS ECONÓMICOS
A pesar de todo, el problema económico también se hace presente y no se limita a no tener quién cuide los parques.
Para dar una idea, el presupuesto de la Alcaldía de este año para el mantenimiento de obras urbanísticas, que incluye los parques, es de un millón 334 mil córdobas. Eso es menos de una décima parte de lo que se gastó Japón para que en Managua exista un parque con su nombre y características asiáticas: un millón de dólares (16.4 millones de córdobas).
LOS PLANES
El recién inaugurado parque Japón, ahora es el paradigma de lo que el alcalde Dionisio Marenco quiere hacer: un parque por cada barrio.
Inmediatamente Barahona señala que no serían parques como el asiático, pero sí se puede apuntar hacia una rehabilitación de los que ya existen.
Según los datos de la dirección de Urbanismo de la Alcaldía capitalina, Managua tiene 477 áreas entre verdes, comunales y no verificadas, eso se puede traducir en parques o predios para construir parques.
El problema es que la capital ha crecido de una forma tan desordenada, que los parques pasaron a segundo plano, sobre todo en barrios que se originaron como asentamientos humanos espontáneos.
Nadie en la Alcaldía pudo decir cuántos parques deben haber por cantidad de población, pero el déficit es tal, que para Roberto Bermúdez, delegado del Distrito Seis de Managua, con una población de 450 mil habitantes, fue una gran noticia descubrir que bajo su jurisdicción existen al menos 16 parques.
Barahona reconoció que lo ideal es que cada barrio tenga al menos un parque para “reproducir la fuerza de trabajo, o sea cargar baterías”.
También mencionó que lograr esa tarea será imposible a corto plazo. “Ahorita la gente lo que quiere es la escritura de su lote, una buena calle, agua y luz, algunas escuelas”, menciona.
Eso coincide con otras prioridades de la Alcaldía, y explica por qué los parques quedaron en el olvido.
LA VIGILANCIA
Uno de los proyectos anunciados por el alcalde Dionisio Marenco para acabar con el deterioro de los parques, es la Policía Municipal.
“ANTIDEMOCRACIA”
Según Mario Barahona, director de Planificación Estratégica de la Alcaldía de Managua, “toda ciudad democrática busca y propugna por el desarrollo de los espacios públicos, de encuentros y de convivencia de la ciudadanía, es un lugar para reproducir la fuerza de trabajo”. A juzgar por esto, Managua es una ciudad antidemocrática desde que dejó perder el parque Luis Alfonso Velásquez Flores.