Ludwin Loáisiga López
Alejandro Martínez Cuenca, aspirante a la Presidencia de la República por el Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN), advirtió al secretario general de ese partido, Daniel Ortega, y a su otro contrincante por la nominación presidencial, Herty Lewites, que de continuar sus confrontaciones y acusaciones públicas, el sandinismo podría dividirse y pasar a la clandestinidad, como en los años setenta.
“Las confrontaciones tuvieron al FSLN en la clandestinidad”, recordó.
Sugirió a Lewites reintegrarse al partido y discutir su situación con base en los estatutos del sandinismo.
Lewites fue expulsado del FSLN el 26 de febrero, por “renegar y renunciar a los principios” de ese partido, según una resolución de la asamblea sandinista. El ex alcalde capitalino ripostó diciendo que la decisión fue ilegal. Desde entonces el tono de la batalla ha crecido.
Ortega acusó a Lewites de “Judas” y “oligarca”, mientras éste denunció que existe un plan en su contra para asesinarlo por sus aspiraciones presidenciales.
PACTO PREBENDARIO
No obstante, Martínez Cuenca criticó a la cúpula del sandinismo por pactar desde 1999 con el ahora ex Presidente y condenado a 20 años de prisión por fraude contra el Estado, Arnoldo Alemán Lacayo.
Aceptó que el pacto libero-sandinista ha servido a ambos partidos para repartirse cuotas de poder.
“Creo que es un error por ejemplo, que utilicemos el Poder Judicial para abrir un juicio que tiene vicios políticos, como el caso del derecho de todos los sandinistas de usar nuestra bandera, no tiene que ir a un juicio, no tiene por qué ser así, eso se dio porque había verdaderamente un consenso entre los dos partidos mayoritarios”, afirmó Martínez Cuenca.
El economista presentó ayer el Manifiesto por la Unidad Sandinista, a través del cual exigió a la dirigencia del FSLN efectuar elecciones primarias escalonadas para escoger a sus candidatos a puestos públicos. La propuesta indica que el proceso de escogencia se realice en un departamento cada fin de semana.
Además, solicitó que partidos políticos de otros países e instituciones independientes vigilen los comicios internos, rechazando a los cuadros sandinistas como agentes supervisores.