La Pañueleta

Gabriela Castillo Cinco veces en tres semanas la policía trató de desalojar a las personas que ocupan las tierras propiedad de mi familia, pero desafortunadamente no se pudo. Los precaristas, armados con morteros, pistolas, machetes, objetos cortopunzantes y piedras, decidieron enfrentar a los policías. Éstos se enfrentaron a cientos de personas que se acercaban a […]

Gabriela Castillo

Cinco veces en tres semanas la policía trató de desalojar a las personas que ocupan las tierras propiedad de mi familia, pero desafortunadamente no se pudo. Los precaristas, armados con morteros, pistolas, machetes, objetos cortopunzantes y piedras, decidieron enfrentar a los policías. Éstos se enfrentaron a cientos de personas que se acercaban a ellos y no tenían otro recurso más que defender sus vidas. Desafortunadamente tres civiles murieron y siete policías fueron al hospital con heridas de cuidado.

Ahora todos en Nicaragua están discutiendo los derechos humanos y los resultados de esta triste situación. Se dice que la Policía no tiene derecho de usar armas contra los civiles, que actuaron incorrectamente. Se asegura que los dueños de tierra son capitalistas que no tienen sensibilidad ante las necesidades y sufrimientos de los menos favorecidos y que la orden de atacar vino directamente desde posiciones altas en el Gobierno. Pero en ningún momento he oído decir algo sobre las motivaciones de quienes decidieron tomarse las tierras, ya fuera porque las necesitaban o porque simplemente las querían. Ni una sola vez se ha culpado a las personas que comenzaron este problema.

Algunos de los políticos que han metido sus narices en esta situación, tienen más tierras de las que yo puedo imaginarme, pero nunca los mencionan y se lo guardan para ellos. Estos políticos tienen suficientes tierras en la capital, pero nunca han mencionado la posibilidad de hacer edificios que podrían albergar a cientos de personas. Otro dato interesante es que nunca han pagado por esos bienes.

La finca La Pañueleta ha estado en posesión de mi familia por más de 100 años. Sin estas tierras mis padres no tienen modus vivendi. Son estos tipos de incidentes los que hacen pensar que no vale la pena vivir en Nicaragua.

Cartas al Director

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