Un nuevo tipo de periodista

Guillermo Rothschuh Villanueva

Nicaragua requiere urgentemente de periodistas con los más altos estándares de calidad. Esta tarea corresponde asumirla en la parte académica a las carreras y facultades de comunicación. Una nueva etapa exige otro tipo de ejercicio profesional más riguroso y que contribuya a situar a Nicaragua en los umbrales del siglo XXI. Bajo esta mira es que la Facultad de Ciencias de la Comunicación de la UCA ha estructurado sus diversos cursos de postgrado. Con resolución hemos decidido ser parte de la respuesta a las demandas que plantea el país en el ámbito de la comunicación.

El segundo postgrado en Periodismo de Investigación tuvo como preocupación central reafirmar conceptos básicos pero sobre todo abrir un espacio de discusión que permitiera percibir a los periodistas de los diversos ámbitos que todavía quedan fuera de la agenda de los diferentes medios. En otras palabras el curso fue un aliciente para fijar la mirada en un horizonte más vasto y generar una honda preocupación por incorporar en la agenda temas que colocarían al periodismo en una posición de dinamizador e impulsor de nuevas iniciativas que amplíen la esfera de actuación de los diferentes medios.

Las diversas oportunidades abiertas por este curso de postgrado deben convertirse no sólo en una mayor apertura de la agenda de los diferentes medios, debe ser sobre todas las cosas una fuerza catalizadora que abra las puertas a otro tipo de ejercicio profesional en Nicaragua. Se necesita dar saltos de calidad. Ésta es una magnífica oportunidad para hacerlo. Los medios deben aprovechar al máximo los talentos de sus periodistas. Los conocimientos adquiridos les permiten desarrollarse con mayor eficacia y visión al interior de sus medios. Sobre todo ahora que se ha abierto la discusión sobre la nota roja. Siempre me he interrogado sobre el tipo de incidencia que tienen en los diferentes medios los periodistas egresados de los cursos de postgrado. Sería un avance significativo que poco o mucho de lo aprendido en las aulas se tradujera después en un aporte sustancial con un sello de marca diferente que sirva para fortalecer el tipo de ejercicio profesional que impulsan los distintos medios.

La única razón de ser de estos cursos es la de establecer con los medios a través de los periodistas un nuevo tipo de relación. Deseamos que se percaten que las preocupaciones de la academia coinciden y a veces van más allá de sus propias preocupaciones. Ésta sería nuestra mayor y más amplia contribución al fortalecimiento del ejercicio profesional en Nicaragua. La academia aspira a ampliar su visión sobre los problemas del país e incitarlos a que amplíen su agenda incorporando temas que por ahora quedan fuera de su horizonte informativo y editorial. En verdad, me pregunto, ¿los medios están sabiendo aprovechar estas nuevas ventajas que ofrece la universidad?

De poco o nada serviría que la universidad continuara haciendo esfuerzos por mejorar y ofrecer nuevos cursos si a la larga lo aprendido en las aulas no se traduce en una efectiva mejoría. Aspiramos a que la agenda de los medios se fortalezca a través de la incorporación de nuevas temáticas, pero sobre todo a través de otro tipo de tratamiento informativo y editorial que demuestre una sensibilidad más cercana a las necesidades más apremiantes de la ciudadanía nicaragüense. El desarrollo exponencial experimentado por los medios abre nuevas perspectivas. No basta crecer en cantidad, lo que importa es mejorar la calidad de la oferta informativa. En esta realidad radica la esencia de los esfuerzos que realiza la UCA por estructurar los diferentes tipos de postgrado.

Una de las disciplinas que más rápidamente ha crecido y transformado es la comunicación. Incluso cuando se busca una manera apropiada para nombrar la etapa actual del desarrollo de nuestras sociedades, una de las denominaciones que ha alcanzado más reconocimiento en extensión y profundidad es llamar el presente como sociedad de la información. Ante retos de esta magnitud tenemos que responder de la manera más adecuada y pensamos que teniendo la sociedad de la información como pivote central el conocimiento, se torna ineludible estructurar planes y programas de estudios que se aproximen a esta nueva realidad. En consonancia con lo anterior es que no hemos escatimado esfuerzo alguno por configurar una planta de profesores y un conjunto de especialidades que constituyan el núcleo central de lo que deberían estar abordando como temas prioritarios los periodistas nacionales.

Sólo existe una manera de compensar los esfuerzos de la Facultad de Ciencias de la Comunicación: que en la práctica se conjugue lo aprendido en las aulas a través de una visible apertura que muestre que hay comunidad de intereses entre la academia y los medios y que vale la pena continuar impulsando estas iniciativas, en la que los medios deben incorporarse a través de diversas propuestas a las que desde ahora nos mostramos receptivos. No hay que olvidar que el esfuerzo que realizan los jóvenes egresados del curso de postgrado en periodismo investigativo es acuciante. Ante el tipo de periodismo amarillista que las estaciones de televisoras están estimulando, vale la pena que muestren en la práctica que se puede hacer algo distinto que salpicar de sangre los hogares nicaragüenses.

El autor es Decano de la Facultad de Ciencias de la Comunicación, de la UCA

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