Afrodita

Luis SánchezSancho

Una señora, lectora de esta columna de los viernes, me pidió escribir sobre Afrodita, la diosa del amor.

A Afrodita la mencioné en el artículo del viernes 11 del corriente mes de febrero, en el artículo sobre Gaia. Dije entonces que Afrodita nació, completamente formada, de la espuma del mar que se formó al caer los genitales de Urano (el Cielo), cuando éste fue castrado por su hijo Cronos (el Tiempo).

Al aparecer Afrodita mostrando su espléndida desnudez las tres Gracias (Eufrosina, o Alegría; Aglaé, o Belleza; y Thalía, o Pasión), la cubrieron con finas vestiduras y la trasladaron, en una regia carroza halada por blancas palomas, primero a Chipre donde le fue erigido su templo principal y luego al Olimpo, la residencia de las divinidades inmortales.

Siendo diosa del amor Afrodita tenía poder sobre todos los seres, divinos y humanos. Sólo tres diosas no se sometían al poderoso dominio del Amor, es decir, a la voluntad de Afrodita. Ellas eran Hestia (Vesta en la mitología romana), hija de Urano y diosa del hogar; Atenea, diosa de la sabiduría, hija de Latona y de Zeus de cuya cabeza nació ya completamente formada; y Artemisa (Diana en la mitología romana), hija de Zeus y de Metis, y por lo tanto medio hermana de Atenea.

Hestia, al nacer también fue devorada por su padre, Urano, pero pudo escaparse gracias a un vomitivo que Metis (Astucia) le dio a beber a su terrible progenitor. Entonces Hestia juró conservar su virginidad para siempre pues no quería tener hijos que pudieran correr la misma suerte que ellas y sus hermanos corrieron.

Atenea, por su parte, prometió conservar eternamente su virginidad en memoria de Palas (Virgen), su amiga de la infancia a la que mató accidentalmente durante un ejercicio de cacería.

Y Artemisa, hermana gemela de Apolo (él, dios de la deslumbrante luz del Sol, y ella, diosa de la suave luz de la Luna), se entregó tanto a la cacería —un ejercicio netamente masculino— que se volvió insensible a las delicadas funciones propias de su sexo femenino. Muchos pretendientes tuvo Artemisa pero ninguno pudo conquistarla, se conservó pura para siempre y por eso se le llamó con el epíteto de Casta.

En cambio Afrodita se enamoraba con facilidad, de manera intensa y total. Pero su gran amor fue Adonis, el más bello de los hombres, modelo de la apostura masculina.

Adonis muere muy joven, destrozado por un gigantesco jabalí durante una cacería y al llegar al mundo de los muertos se enamora de él Perséfone (Proserpina en la mitología romana), mujer de Hades y reina del Infierno. Pero Afrodita no renuncia a Adonis, apela por su vida ante Zeus a quien halaga obsequiándole una Anémona, la hermosa flor roja que ella hizo con la sangre de su amado. Entonces Zeus se conmueve y ordena que Adonis pase la mitad del año en la Tierra, con Afrodita, y los otros seis meses en el Infierno, al lado de Perséfone.

Desde entonces, al venir Adonis a la Tierra para juntarse con Afrodita, comienza la primavera, renace la Naturaleza, florecen los campos, reverdecen los bosques y cantan los pájaros. Y cuando en noviembre Adonis regresa al mundo de las tinieblas, a reunirse con Perséfone, todo se oscurece, el frío azota a la Tierra, desaparece la vegetación y el cielo se pone sombrío. Es que Afrodita, la bella diosa y reina del amor, se entristece por la inexorable partida de su amado.

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