Migdonio Blandón [email protected]
Habiendo leído en LA PRENSA del 5 de febrero al artículo titulado Iglesia emproblemada, del periodista de Univisión, Jorge Ramos Ávalos, sin más conocimiento teológico que el recibido por la fe que Dios da como gracia a quienes con humildad la pedimos, reconociendo su infinita grandeza y que sin él nada somos ni valemos nada, respetuosamente me permito exponer mis ideas al respecto.
Entre otras cosas dice el señor Ramos que los problemas de la Iglesia Católica se deben a su inflexibilidad y lentitud para cambiar o ajustarse a la realidad actual. Supuestamente admitir el control de la natalidad con el aborto y otras medidas, permitir el matrimonio entre homosexuales y la orden sacerdotal al sexo femenino, lo que en resumen sería una vergonzosa claudicación de los principios morales y cristianos que la han identificado.
Como él dice, es admisible que la Iglesia tiene problemas. Desde su inicio, al ser instituida por nuestro Señor Jesucristo hace dos milenios, los ha tenido; pero, él ha dicho que el mal no prevalecerá contra su Iglesia. Aunque es triste reconocer que tales problemas no sólo en España se detectan, sino que se extienden a nivel mundial, siendo a veces su causa el testimonio de quienes, sin serlo de veras, se autollaman cristianos actuando negativamente.
Así en distintos ambientes y culturas que se han liberalizado al extremo, buscan aún fuera de lo natural nada más que la satisfacción de los sentidos y con soberbia autosuficiencia por el avance tecnológico, al margen de la moralidad no tienen otro interés que el disfrute de la vida a su manera. Así, ultramaterializados, piensa que por la ciencia todo lo pueden conseguir, siendo ésta otra sobrada razón por la que muchos ignoran al Creador.
Al faltar la fe viene la ceguera espiritual, o más bien la idolatría egocéntrica que impide detectar la propia inconsistencia y fragilidad, sin precaver que nadie por exitoso que sea puede atrincherarse en sí mismo contra la adversidad y menos subsistir más del tiempo que Dios, dueño absoluto de todo, le ha dado de vida. Por dicha ceguera no ven las continuas manifestaciones de su poder absoluto y omnipotente que está sobre todo hasta la eternidad.
Lo expuesto y un sinnúmero de razones más, en la sexta parte de la población mundial que estadísticamente integra la Iglesia cristiana, a pesar de fallas y errores de distinta índole, que también en distintas épocas indistintamente se ha caído, ha provocado grandes fisuras en la misma. Más, su principio doctrinal y orden establecido, desde San Pedro primer Vicario de Cristo, su firmeza inconmovible ha sido como la roca que él quiso que fuese.
La inflexibilidad y lentitud que se le atribuye a la Iglesia para ajustarse a la realidad actual, es entre otras cosas, no tolerar el irrespeto a la vida y a la tergiversación del sentido de familia, que sería desviarse de la genuina doctrina que Jesucristo rubricó con su sangre.
Por ello creo debe mantener la inflexibilidad, incluso repudiando a sacerdotes, que con sus fallas humanas, por satisfacer bajos instintos, profanando sus hábitos la han denigrado.
Repito, acceder a cambios que adulteran sus principios, con la intención de solucionar problemas, sería claudicar; y Satanás se lamería de gozo los bigotes, ya que por decisión divina, como lo hizo con el bíblico Job, le ha dado su venia para tentarnos. Pero si haciendo vida nuestra fe, actuamos como verdaderos cristianos, nunca lo conseguirá.
La verdadera y necesaria solución es atender el llamado de S.S. Juan Pablo II, trabajando activamente en la Nueva Evangelización que a la vez nos servirá para renovar la nuestra. Que Dios nos ilumine y capacite, porque sólo dando es que recibimos.
El autor es empresario