Quince años de vía crucis democrático

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Quince años de vía crucis democrático





Es una doble conmemoración la de hoy, 25 de febrero: la primera por el final de la década perdida y la segunda por el comienzo del régimen democrático.

Ante todo es necesario señalar que durante estos quince años la clase política, tanto la sandinista como la otra, ha defraudado a la ciudadanía, pues ni siquiera ha querido escoger a sus candidatos por elección primaria.

Los sandinistas desaprovecharon durante su régimen de 10 años y 9 meses la oportunidad histórica de superar la atrasada cultura política nicaragüense, y repitieron lo que habían criticado de los Somoza. Su “solución” fue dividir el poder en feudos de cada comandante de la revolución y al final compensaron sus sacrificios apoderándose de numerosas y ricas propiedades ajenas.

Al respecto es interesante recordar que Thomas Enders, Subsecretario de Estado de Estados Unidos para Asuntos Latinoamericanos, le ofreció al FSLN, en 1979, el derecho de ensayar su versión de socialismo “a la nicaragüense”, sin meterse con los asuntos de El Salvador. Pero tal consejo les pareció a los comandantes sandinistas un insulto, y los 70 millones de dólares aprobados por el presidente Carter para ayudar a Nicaragua, un intento de comprarlos. Y lo que hicieron fue llevar al país a una espeluznante inflación, juicios manejados por tribunales de excepción y otra guerra civil. Y si permitieron elecciones libres y entregaron el poder en 1990, fue contra su voluntad, porque no tenían alternativa y a cambio de un acuerdo de transición que les permitió conservar casi todos sus privilegios.

Por otra parte, el gobierno democrático de doña Violeta, al carecer de fuerza política propia, estuvo a merced de los vaivenes de la política de una fragmentada UNO y un FSLN vengativo. El principal mérito de aquel primer gobierno de la democracia fue recuperar para Nicaragua el interés de la comunidad donante para ayudar en la restauración de la economía, en medio de las tribulaciones provocadas por, acciones desestabilizadoras del FSLN, así como de los recompas, recontras y revueltos. Y su recurso más efectivo para aplacar las furias del sandinismo, fue tirarle trozos de la Cornap (las antiguas empresas y propiedades estatales que quedaron de la piñata sandinista), la que quedó con cartera irrecuperable.

Más adelante, en el período de Arnoldo Alemán hubo dinero en la calle y se hicieron obras públicas en número e importancia significativas, pero fue delictuosa su administración porque saqueó el erario. La malversación tomó tres rutas: financiamiento de su partido, sueldos extras presupuestarios y un saldo cuantioso para su propio beneficio. Alemán financió el déficit fiscal con bonos del Estado que también sirvieron para enjuagar la quiebra bancaria fraudulenta de 500 millones de dólares, cuyas liquidaciones permanecen en el misterio. Al final Alemán se rindió al sandinismo, ilusionado con una amnistía, y con sus desmedidas concesiones ha puesto al FSLN en posición anotadora.

El caso del presidente Enrique Bolaños es dramático. Su empeño en castigar a los defraudadores del fisco es encomiable, pero como entró al coliseo sin coraza, tridente, ni red, ha sido pasto de los leones. A pesar de todo consolidó la macroeconomía y colocó al país en la HIPC y tentativamente en la Cuenta del Milenio. Todavía a estas alturas le quedan cartas ganadoras, salvo que prefiera permanecer tranquilizado por la promesa del convenio político con Daniel Ortega, firmado el 12 de enero, de respetarle su período.

Bolaños se apoya en el reconocimiento de la comunidad donante a su honestidad, que le ha proporcionado recursos para el Plan Nacional de Desarrollo que sus mismos funcionarios parecen no tomar en serio. Pero el remate de su período está preñado de incertidumbre después de confusas y contradictorias idas y venidas con el caudillismo bicéfalo, que sus consejeros no logran explicar.

En resumen, la democracia nicaragüense ha sufrido en estos 15 años alzas y bajas, sin llegar a estabilizarse. La democracia ha podido sobrevivir a toda clase de dificultades pero ahora enfrenta una de las más peligrosas, como es la connivencia de Daniel Ortega y Arnoldo Alemán para instaurar una dictadura bicéfala —sandinista-liberal— y revertir el proceso democrático; y la cual sólo la acción unida del pueblo, igual que en febrero de 1990, podría detener y derrotar.

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