Hortensia Rivas Zeledón
En mayo de 1962 el sueldo de un maestro graduado en educación primaria era de cuatrocientos córdobas y por medio de una gran huelga magisterial que se denominó Operación Justicia, encabezada por el profesor José María Zelaya, se logró un aumento de doscientos córdobas.
En 1963 el Presidente de la República, doctor René Schick, sin que mediara ninguna demanda subió el sueldo de los maestros a setecientos córdobas, que equivalían a cien dólares y en 1967, cuando Anastasio Somoza Debayle llegó a la Presidencia, les subió el sueldo a ochocientos cincuenta córdobas. Esto equivalía a ciento veinte dólares.
En 1969 el sandinismo infiltró a la dirigencia sindical del magisterio y el 12 de octubre de 1970 se declaró una gran huelga en la que se demandaba un aumento de 30 por ciento. Dos días después el Gobierno cerró el año escolar, 180 maestros fuimos despedidos y se descabezó al sindicalismo magisterial.
En esa época el sueldo promedio de un profesor de secundaria era de quinientos dólares. Claro que había una gran diferencia entre el sueldo de un educador de primaria y uno de secundaria, porque se valoraba la mayor calificación y complejidad del trabajo.
En los ochenta, debido a la estatización de la economía tanto el nivel de vida como el salario de los nicaragüenses cayó estrepitosamente, a tal extremo que a los educadores de primaria y secundaria se les redujo el salario a diez y doce dólares respectivamente.
Durante el sandinismo Anden se autodefinía como una organización política gremial cuya labor consistía en bajar a las bases las directrices de la cúpula y la línea partidaria, y asegurar que todos los maestros las obedecieran, que trabajaran “domingos rojo y negro”, que fueran a los cortes de café y algodón y que se incorporaran a las BIR (Brigadas de Infantería de Reserva). Y por supuesto que cada vez que un maestro se atrevía a pedir un reajuste salarial, los dirigentes de Anden salían al frente acusando a los maestros de improductivos y contrarrevolucionarios.
En mayo de 1989, los maestros, agobiados por la enorme inflación y el mísero salario que apenas alcanzaba para tres días, nos declaramos en huelga en demanda de un reajuste salarial. El Ministro de Educación de entonces, padre Fernando Cardenal, nos dijo que era imposible aumentar ni siquiera un córdoba, porque éramos muchos y eso significaba un desajuste a la economía. El señor Daniel Ortega nos acusó de somocistas y agentes de la CIA, el 31 de mayo de 1989, porque propusimos que se redujera el presupuesto militar y se trasladara a Educación. Claro está que no conseguimos nada, igual que en el setenta, porque los regímenes militares no negocian sino que someten a los trabajadores.
Por eso mismo fue que los dirigentes de Anden atacaron a garrotazos, el 25 de mayo de 1989, a un grupo de maestros independientes que apoyaban la demanda magisterial y estaban reunidos en la casa del profesor Chepito Castillo.
Ahora el sueldo promedio de un maestro de primaria es de dos mil trescientos sesenta y cinco córdobas, que equivalen a ciento cuarenta y un dólar. Esto es catorce veces el sueldo que se devengaba bajo el sandinismo, y desde el 2002 hasta hoy el sueldo del maestro ha aumentado en 55 por ciento.
Por supuesto que este sueldo es todavía bajo y más aún si lo comparamos con los que reciben los maestros en los otros países centroamericanos, pero es que en esos países no hubo revoluciones comunistas, ni piñatas sandinistas, ni huacas arnoldistas, ni quiebras bancarias fraudulentas y sus economías no dependen de la ayuda internacional.
La autora es maestra, secretaria general del MECD