Una puerta para todos

Douglas Carcache

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Una puerta para todos


Douglas Carcache




Cuando los presidentes de Nicaragua y Honduras botaron la garita de la aduana El Guasaule, la semana pasada, para dar pase libre a los ciudadanos de los dos países, también dieron la pauta para enterrar, poco a poco, una serie de prejuicios y estereotipos sobre las dos poblaciones, cultivados por décadas.

La integración que se aproxima entre Nicaragua, Honduras, El Salvador y Guatemala es algo más que comprar y vender, ir y volver, porque a la par del negocio crece la relación social que a la postre fortalece la identificación entre comunidades distintas, con tolerancia del uno para el otro.

Creo, entonces, que las posibilidades de conflictos entre estas naciones serán cada vez menores, mientras su gente se percate que como centroamericanos, aún con acentos y palabras diferentes, comparten problemas comunes, como el hambre, las sequías y la delincuencia.

La puerta que acaban de abrir se ensanchará con el tiempo y traerá beneficios a todos los ciudadanos, sean empresarios o asalariados, porque aumentará la circulación de mercancías, de turistas y de mano de obra.

Sorprende, por ejemplo, cómo ha crecido la afluencia de turistas a Chinandega y León, los departamentos del occidente de Nicaragua con playas, volcanes e historia. La mayoría de extranjeros que llegan allí proceden de Honduras y El Salvador, y durante el año 2004 las visitas subieron entre 30 y 40 por ciento.

Por eso varios agricultores de León, que antes cultivaron algodón, sorgo y soya, están ahora detrás del mostrador de un hotel y piensan cómo ampliar sus negocios en el turismo. Sólo Chinandega está recibiendo una inversión de 15 millones de dólares en 11 proyectos turísticos.

La apertura de la frontera ha de ser motivo de entusiasmo para esos empresarios, pero también para quienes dependen de un salario y han conseguido un empleo en la actividad turística.

Otros que se han de alegrar con la integración centroamericana son los nicaragüenses que han descubierto oportunidades laborales en Honduras y El Salvador, porque del municipio occidental de El Sauce salen cada mañana decenas de personas en un bus que llega hasta El Guasaule, donde cruzan la raya fronteriza para ir a laborar, por semanas o meses, en las obras de construcción de San Salvador o en los centros de producción de miel de abejas en otras zonas salvadoreñas. Van y vienen.

Es así como se complementan hoy las economías de los países centroamericanos. Parte de los plátanos que Chinandega exporta a Honduras van a una planta de alimentos procesados que empresarios de este país venden en Estados Unidos. Es similar a lo que sucede con el queso nicaragüense que compran los salvadoreños, para exportarlo después al mercado estadounidense.

Sería ideal que esos productos primarios fueran procesados, empacados y exportados desde Nicaragua hacia Estados Unidos y otros países, pero la guerra y el descalabro económico de la década de 1980 dejó a la nación nicaragüense de último en la fila del progreso económico centroamericano.

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