Mario Alfaro Alvarado
En los últimos años de la última década del siglo XIX, una revolución liberal le impuso al país la primera dictadura liberal. Al final de la primera década del sigo XX, una revolución libero-conservadora propició una dictadura de partido y llevó al país a un desastre económico. Al final de la segunda década del siglo XX, una nueva revolución liberal abrió paso a la más larga y oprobiosa dictadura que ha sufrido este país.
En la segunda mitad del siglo XX, mientras liberales y conservadores “dialogaban” para compartir el poder y, desde luego, el presupuesto nacional, la juventud nicaragüense se lanzó a la lucha armada en un ejemplo de decisión y heroísmo. El pueblo la respaldó y surgió una nueva revolución que no trajo la paz, ni la libertad, ni la democracia, ni la prosperidad; trajo traición y desencanto y le impuso a Nicaragua un régimen totalitario.
En cada revolución, con cada dictadura, el pueblo ha pagado una ingente cuota de sangre y como resultado de tanto sacrifico y dolor, los cambios a penas son perceptibles.
Primero los jóvenes expulsaron al último dictador de la familia Somoza, después los campesinos obligaron al régimen totalitario marxista-leninista a jugarse la suerte en unas elecciones supervigiladas, que perdió. ¿Qué hicieron los empresarios en esas jornadas? Es una pregunta que debe ser contestada. Los empresario soportaron las humillaciones del somocismo y supieron sobrevivir al programa comunista de los comandantes.
El gobierno de doña Violeta, aunque débil y anémico, libró a los empresarios de las imposiciones y flagelos de las dos dictaduras anteriores y los hombres de negocios pudieron establecer la diferencia que existe entre vivir amenazados por tiranos implacables y aprovechar los beneficios de la libre empresa.
Pero volvieron los liberales al poder y trajeron consigo la carga de sus vicios políticos: caudillismo, reeleccionismo, demagogia y una corrupción elevada al cuadrado, que tiene al país en convaleciente recuperación económica, institucional y moral. Y en este palenque es que se enfrentan a duelo de muerte la corrupción y la anticorrupción.
El Cosep, que guiado por don Enrique Bolaños libró una lucha ejemplar para evitar que desapareciera la empresa privada bajo las doctrinas del comunismo, ahora parece más bien un club de apostadores, que desde las galerías observan a los contendientes sin comprometerse con ninguno, en espera de un vencedor en la decisiva lid.
La clase media, creadora y estabilizadora, fue el objetivo primario del sandinismo. Categorizada por las teorías marxistas-leninistas como la clase burguesa que debía ser proletarizada para hacerla desaparecer, fue despojada de sus bienes y sus hijos enviados a combatir a la “contrarrevolución” emancipadora. Candente recuerdo deben tener esas víctimas de la furia sandinista que las despojó y persiguió, para concederle algún crédito a esos “diálogos” dizque para solucionar los problemas del país.
La corrupción es el fruto madurado de más de 50 años de dominación liberal. El somocismo convirtió la corrupción en un estilo de gobierno, en que se soborna y se premian el servilismo y la adulación. El viejo partido conservador se agotó en sus vicios y errores políticos cuando regresó al poder después de la caída de Zelaya. El viejo partido liberal se remozó al volver al poder en 1996. La alianza con el sandinismo fue su elixir rejuvenecedor. Y ahora los signos de la piñata y de la guaca, perturban los espíritus que desean paz y transparencia política para trabajar honradamente y prosperar.
Mientras las cúpulas gangsteriles traman e intrigan y el Gobierno esquiva las embestidas y artimañas del pactismo, el pueblo sufre con débil esperanza las escaseces: de trabajo, de salarios, de bienes básicos, de educación, de salud y hasta de espiritualidad al contemplar la asistencia que algunos prelados de la Iglesia le brindan a los conspiradores.
¿Es el destino de los nicaragüenses sufrir, soñar, trabajar de sol a sol para acrecentar las cuentas bancarias de los sátrapas que gobiernan en nombre de caudillos dispendiosos y corruptos? Esto no puede continuar. Bajo la bandera de la anticorrupción debe el pueblo comenzar a forjarse un nuevo destino, para prosperar con dignidad bajo gobiernos que administren la hacienda pública con honestidad y transparencia para beneficio de todos los nicaragüenses.
El autor es periodista