Mario Lira
Soy un nicaragüense-canadiense radicado por muchos años en Canadá. Me llama mucho la atención cómo los profesionales de la cultura nicaragüense no tienen cuidado con la práctica de nuestra lengua.
Se ha criticado mucho que los bachilleres nicaragüenses no son capaces de aprobar las clases de español en las universidades, ya no se diga las matemáticas, después de tantos conflictos políticos y promesas de mejorar la educación.
Las generaciones pasadas, el Presidente de la República, los políticos contemporáneos y las actuales generaciones, tenemos algo en común: no podemos comunicarnos bien en español. Eso es característico de nuestra cultura nicaragüense y latinoamericana.
En países industrializados es una preocupación constante el buen uso del lenguaje y la comunicación para poder asimilar la tecnología y los negocios. Por eso felicito a la columnista de LA PRENSA, Inés Izquierdo, por su tono y lenguaje de criticar elegantemente el nivel académico de los nicaragüenses.
Pienso que este problema lingüístico es parte de la cultura de indisciplinados que arrastramos de generación en generación. En Nicaragua los políticos, gobernantes y estudiantes se comunican con lenguaje cantinero. Lo hacen internamente pero la prensa internacional lo recoge y lo muestra al mundo.
Siendo incultos y haraganes no podremos mejorar nuestra comunicación española.