Gea/Gaia

Luis Sánchez Sancho

Me escribió de nuevo el joven Daver García Reyes, estudiante de Psicología en la UNAN-León, ahora para pedirme que escribiera sobre Gea y Gaia. Lo hago con mucho gusto.

Gea es la misma Gaia, a quien se le conoce también con este nombre porque así lo pronunciaban los antiguos griegos.

Gea, o Gaia, es la Tierra, la diosa madre, una de las seis divinidades primarias de la mitología griega.

Según explica Herodoto en su Teogonía (el origen de los dioses), en el principio sólo había el Caos. Después surgieron los dioses originales, en el siguiente orden: Gea (la madre Tierra), Tártaro (Infierno), Erebo (Tinieblas), Nix (Noche) y Eros (Amor).

Después Gea creó por sí sola a Urano (el Cielo, quien al expandirse envolvió a su madre) y a Ponto (Mar). Posteriormente Gea se unió con su hijo Urano y procrearon a los seis gigantes: Océano, Ceos, Críos, Hiperión (el Sol), Japeto y Cronos (el Tiempo). Volvieron a unirse la Tierra y el Cielo y crearon a las seis Titánidas: Teia, Rea, Temis, Mnemosina Febea y Tetis. E hicieron una vez más el amor, Cielo y Tierra, y crearon finalmente a los Cíclopes y los Hecatonquiros, como llamaron los griegos a los gigantes Egeón (o Briareo), Coto y Giges.

Urano odiaba a sus hijas e hijos porque casi todos nacieron monstruosos: algunos de ellos tenían hasta 100 manos y 50 cabezas, o un solo ojo en la frente, eran enormes como montañas y desproporcionadamente fuertes. Por eso Urano los obligaba a permanecer en las entrañas de su madre.

Pero Gea, la Madre Tierra, amaba a sus hijos tal como eran y los alentaba a rebelarse. Y así fue que un día Cronos se salió del vientre de la madre y atacó a su padre, Urano, quien dormía al lado de Gea, le cortó los genitales y los arrojó al mar. De la sangre de Urano se formaron otros muchos monstruos, y sus genitales, al caer en el agua produjeron una maravillosa espuma de la que nació la bella Afrodita, diosa del Amor.

Para los antiguos griegos Gea, o Gaia, es decir, la Tierra, era el elemento primordial. De ella nacieron todos los dioses y los humanos, ella era la fuerza productora de todo lo existente, la potencia nutricia que no se extingue jamás.

En la Teogonía de Hesíodo, dice J.A. Pérez Rioja, “Gea personifica —junto con Urano— el principio cósmico de vida y fecundidad, inseparable de la muerte”. Por eso los griegos antiguos representaban a Gea o Gaia como una mujer gigantesca surgiendo de la Tierra. También la representaban teniendo a sus pies el Cuerno de la Abundancia (Cornucopia). O la imaginaban como una venerable matrona sentada —o asentada— sobre una enorme y sólida roca.

Por su parte, Esquilo dice en Las Coéforas que Gea es “la que engendra todos los seres, los nutre y vuelve a recibir luego de ellos el germen fecundo”. Al respecto vale la pena recordar y comparar el pasaje bíblico, en Génesis 3.18, que dice: “Con el sudor de tu frente comerás el pan hasta que vuelvas a la tierra, pues de ella fuiste sacado. Porque eres polvo y al polvo volverás”.

En realidad, prácticamente en todas las creencias del mundo la Tierra ha representado la idea de la madre engendradora, aquélla de la que todos nacimos y a la que siempre volvemos, al morir inexorablemente.

En la actualidad, los ambientalistas de todo el mundo invocan a Gaia como símbolo emblemático de la lucha por proteger y salvar a la Madre Tierra.

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