La locura por el oro

Uriel Cuadra Argüello

Muchísima gente sube de la pobreza a la riqueza, y otros a la escala mayor, la opulencia. Este costoso paso es totalmente ascendente, pero existe lo contrario, lo cual involucra un pesar, el bajar de lo más alto a muy cerca del pavimento. Esto es básicamente en el sentido material.

En el presente artículo me interesa hacer un breve análisis sobre el ascenso, pues se vencen grandes obstáculos, se trabaja duramente, hay muchísimas privaciones en un principio, pero si la persona goza de creatividad, confianza y empuje, el éxito económico se ve rápidamente en el horizonte, y el sol se vuelve dorado. Hasta ahí todo ha ido bien, pues se busca mejorar económicamente de vida, eso sí, sin dejar cadáveres en el camino que se ha recorrido y mucho menos ríos de sangre.

¡Qué bonito es llegar a la meta señalada! Libre de todo mal, sin causar problemas. En este paso de la vida, cuando se desea algo y por fin se adquiere, invade una gran felicidad. ¡Por fin lo pude lograr! Ahora me siento tranquilo. Todos estos pasos de la vida en ir adquiriendo algo que no se tuvo en la niñez, dan tranquilidad, y como me decía una señora: ¡apacigüen los nervios! Hasta este punto hemos deseado, conseguido y disfrutado de lo obtenido. No nos hemos “enamorado” del metal, pues el enamoramiento cierra la razón, no hay análisis y todo se vuelve sed en más, más y más, pues entre más se tiene más se desea, y esto se vuelve interminable. Todo se ha convertido en una enfermedad insaciable. Deja el ser en lo que era, y la avaricia lo invade. Es bueno tener ambición, sin pasar esta barrera, pues si se sigue se entra en la codicia. ¡Cuidado con este abismo!

Hay lugares públicos y religiosos que al entrar verás que lo que no es de oro es dorado. Ése es el dios del lugar.

Relataré una historia, mito o leyenda, respecto al presente problema, y ustedes verán las tremendas consecuencias cuando se adolece este mal. Dicen que en una montaña muy elevada existía una cueva, la que tenía una puerta y en la entrada de ésta estaba instalada una placa metálica con la siguiente inscripción: “Entra, ve, elige y goza con lo que hay y te llevas”. Y en letras mayúsculas: “No olvides nada”, pues esta puerta una vez que se cierra no se vuelve abrir. En este lugar apareció una guapa mujer con un niño en brazos, y al ver este espectáculo del tesoro quedó asombrada. No podía concebir que existiera en esta tierra tanta variedad en piedras preciosas, diamantes, zafiros, rubíes y esmeraldas, y en más abundancia, el codiciado oro. Quedó asombrada, empezó a tomar para sí todo lo que iba encontrando a su paso.

Después de llenar el delantal y parte de su cuerpo de todo lo que iba recogiendo, vio cerca de ella un saco vacío, se agachó, puso al niño en el suelo y empezó a llenar el vil costal hasta convertirlo en un cuerpo obeso y difícil de cargarlo. Tanto luchó por echárselo al hombro que las gotas de sudor se volvieron regaderas del mismo. Jadeando por el esfuerzo que había hecho, logró caminar lentamente hacia la entrada, y así poder abandonar la cueva con el inmenso tesoro. La sonrisa que llevaba iluminaba su hermoso rostro, y sus ojos verdes eran dos preciosas esmeraldas como las que había recogido. Antes de salir escuchó una voz que decía: “No olvides nada, recuerda lo que se te dijo acerca de la puerta”. Entonces ella comentó: “Por fin lo logré”. Salió, y la puerta se cerró. Una vez cerrada ésta se dio cuenta de su vil olvido. Había dejado adentro un amor más de vida… su hijo.

El autor es ingeniero

×

El contenido de LA PRENSA es el resultado de mucho esfuerzo. Te invitamos a compartirlo y así contribuís a mantener vivo el periodismo independiente en Nicaragua.

Comparte nuestro enlace:

Si aún no sos suscriptor, te invitamos a suscribirte aquí