Casi dos semanas después de inaugurarse oficialmente el año escolar 2005, la demanda magisterial por conseguir un aumento salarial continúa. El Gobierno hasta ha amenazado con despidos pero el Tribunal de Apelaciones de Managua falló a favor de los maestros, al declarar legal la huelga. A través de una marcha en Managua, los maestros, apoyados por estudiantes y ciudadanos en general, se fueron a la calle para protestar por las amenazas de despido. En la foto, un aspecto de la marcha del martes 8 de febrero, en Managua.

Educación

David Raskovsky La miopía colectiva (porque todos son responsables) sobre el monto de los recursos asignados a la educación y cómo son asignados dentro del sector (el grueso a un sistema universitario desastroso) ha traído consecuencias trágicas para el país. Para agravar el asunto, los organismos internacionales insisten en un comportamiento inconsistente. Por un lado, […]

David Raskovsky

La miopía colectiva (porque todos son responsables) sobre el monto de los recursos asignados a la educación y cómo son asignados dentro del sector (el grueso a un sistema universitario desastroso) ha traído consecuencias trágicas para el país.

Para agravar el asunto, los organismos internacionales insisten en un comportamiento inconsistente. Por un lado, publican estudios que indican la necesidad absoluta de pagarle bien a los maestros y, por el otro, obligan a países mendigos como Nicaragua a no hacerlo.

Cornelio Hopmann escribió en una contribución reciente publicada en LA PRENSA, que según un estudio del Banco Mundial en más de 150 países la efectividad del sistema educativo depende principalmente del salario que paga a sus maestros con relación a las otras ocupaciones, y en menor grado, de otros factores como didáctica, metodologías, organización, etc.

En Nicaragua una supervisora de la zona franca gana cuatro veces más que una maestra de primaria, y un maestro de obra cuatro veces más que un maestro de secundaria.

El mismo estudio indica que un país sólo logra un verdadero despegue económico cuando su población juvenil alcanza un nivel de educación de nueve años escolares. (Y esto ocurre generalmente muchos años después de alcanzarlo). En Nicaragua sólo el 30 por ciento de los niños completan la primaria, y menos del 20 por ciento completan el ciclo básico.

Dicho de otra forma, sin pagarle bien a los maestros no habrá un sistema educativo efectivo, y sin una población educada no hay esperanzas de salir de la miseria. El problema está, a mi modo de ver, en que ni las élites económicas (indiferentes desde el pequeño ghetto de bienestar en que viven) ni las élites políticas (eternamente engolosinados con su juego politiquero) le ponen atención a esta realidad.

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