Pablo Sanabria
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Los guardianes
Pablo Sanabria
Platón, en su obra La REpública plantea como un ideal la existencia de una clase política llamada “los guardianes” de la cual surgirían los gobernantes. Éstos debían ser hombres y mujeres cuya única motivación para ejercer cargos de poder político sería el bienestar de la comunidad y no la satisfacción de sus propios intereses o los de una clase en particular. Por lo tanto, los guardianes no podían tener más propiedad privada que la estrictamente necesaria. El oro y la plata les estaban prohibidos. Tenían que vivir en casas pequeñas, sin lujos ni alardes y comer de manera simple y moderada. Esto garantizaría que, en la República, no hubiera corrupción ni abuso de poder. Además, los guardianes serían filósofos, es decir, personas cultas, virtuosas, espirituales, ocupadas en la búsqueda y realización de la verdad y la justicia. Según Platón, la educación y la cultura que recibirían los guardianes haría de ellos caballeros como Don Quijote, esto es, personas de honor, valientes, nobles, decorosas, cuyo prestigio ante el pueblo emanaría de sus actos heroicos e impresionantes.
Haciendo abstracción de todas las dificultades que presenta la utopía platónica, debo confesar que su ideal de gobernantes serviría para resolver muchos de los problemas que plantea la democracia moderna en general y nuestra realidad política en particular. ¿Se imaginan ustedes que por ley se estableciera que las personas que aspiren a cargos de poder político hoy día no tuvieran derecho a más propiedad privada que la estrictamente necesaria para vivir de manera simple y modesta? ¿Cuántos candidatos presidenciables tendrían entonces los partidos políticos? ¿Qué si, además, los aspirantes a la presidencia tuvieran que “comer (y beber) de manera simple y moderada”? ¿Habría pleitos y amenazas de muerte relacionadas con las elecciones? Por otro lado, ¿qué tal si por ley se establecieran requisitos morales, culturales y espirituales para quienes aspiren a gobernarnos? ¿Cuántos de los actuales candidatos calificarían como hombres y mujeres verdaderamente cultos, virtuosos, espirituales y honestos?
Platón definía la justicia como el hacer cada cual el trabajo que corresponde a su condición social y a sus capacidades. En este sentido, injusticia sería que, fuera de la clase de guardianes, hubiera individuos más virtuosos y sabios que ellos haciendo un trabajo que no les corresponde. De aquí que Platón confiera la posibilidad de ser socialmente promovido o degradado. ¿Son los que en Nicaragua participan del poder político en sus distintos ámbitos las personas más idóneas? ¿No hay guardianes más dignos y capaces en la sociedad haciendo cosas que no les corresponde? ¿No es la ambición desenfrenada, la incultura crasa y la falta de virtud en los políticos y dirigentes nacionales lo que mantiene enterrada la realización de nuestra República?
El autor es Abogado